Tu bebé y su biberón

Es sano utilizar el biberón para alimentar a tu bebé.

Si bien es cierto que el pecho durante los primeros meses es mejor que el biberón, también es verdad que éste ha venido a ser un gran apoyo para las mamás que no pueden hacerlo por falta de tiempo u otras causas. Es sano utilizar el biberón para alimentar a tu bebé, pero es muy importante seguir todas las instrucciones del fabricante, y prestarles la atención necesaria.

La fórmula infantil

Las fórmulas disponibles en el mercado varían en calidad y precio, en presentaciones en polvo o líquidas. Dichas fórmulas están enriquecidas con hierro y vitaminas, y están creadas con la idea de ser semejantes a la leche materna. Por lo general estas leches se basan en la leche de vaca, aunque existen aquellas basadas en la soya para aquellos bebés que no pueden digerir adecuadamente la leche normal o son alérgicos a ella. Si no estás clara sobre cuál es el mejor producto para tu pequeño, lo mejor es que lo consultes con un médico.

Independientemente de la fórmula que utilices, la limpieza e higiene del biberón es muy importante. Procura limpiar perfectamente el biberón, las cucharas, las jarras para mezclar y las tetillas, ya que los bebés recién nacidos son muy vulnerables a las infecciones. Asimismo, la limpieza de tus manos es fundamental antes de la preparación de la fórmula y de dar el biberón.

La minimización del riesgo de las infecciones gastrointestinales se logra limpiando y esterilizando previamente todo lo que has de utilizar para alimentar a tu bebé. Es preferible utilizar un tanque de esterilización, una olla especial de vapor para biberones, un esterilizador de microondas o un lavaplatos.

Subrayamos el lavado de manos como algo importante antes de preparar la fórmula o tocar cualquier instrumento o equipo. La limpieza de los chupones y las tetillas, también será indispensable. Los biberones preparados se deben guardar en el refrigerador, aunque para su uso no deberán transcurrir más de veinticuatro horas.

Lo mejor es siempre preparar la fórmula al momento que sea requerido. En caso de que tu bebé no se termine la leche, o si se le calienta un biberón y no lo quiere, habrá que desechar la leche preparada, ya que los biberones recalentados son fuente importante de infecciones.

Recuerda: lava el equipo con agua caliente y jabón (de preferencia líquido); usa un cepillo especial para biberones con el fin de limpiarlos bien. Frota el interior con el cepillo para biberón y limpia bien las tetillas. La idea es eliminar todo residuo de leche. Enjuaga con agua abundante para eliminar los restos del jabón.

Higiene absoluta

Con el tiempo aprenderás la rutina de la limpieza de los biberones y de todo lo necesario para evitar alguna enfermedad gastrointestinal en tu bebé. El proceso de esterilización requiere de equipo que a veces puede parecer difícil de obtener o de encontrar, sin embargo no es así.

El uso de un tanque de esterilización requiere de una sustancia química que facilita la absoluta limpieza. El tanque de esterilización se debe llenar con agua hasta la mitad; añade una tableta esterilizadora y espera a que se disuelva. Ahora mete el equipo de alimentación en su interior, procurando que los biberones queden sumergidos totalmente; llenar el tanque totalmente con agua fría y esperar el tiempo requerido.

También te puedes apoyar en una olla de presión, un producto muy común, o esterilizar apoyada con un esterilizador de microondas. Lo más económico es utilizar agua y hervir los biberones.

El proceso de hervir los biberones requerirá de mínimo cinco minutos, con el agua en ebullición. Después sácalos y déjalos enfriar. No olvides que los biberones deben de estar sumergidos totalmente.

El uso del lavaplatos. Cuando tu bebé ha cumplido un año, podrás utilizar el lavaplatos, para lavar con él los biberones, la jarra y todo el equipo. Las tetillas deberás limpiarlas antes de meterlas al lavaplatos, aplicando una limpieza normal.

Lo importante es dejar limpios todos los instrumentos que se requieren para la alimentación de tu bebé. Este trabajo lo deberás llevar a cabo mínimo el primer año de vida de tu pequeño.

Antes de comenzar el proceso de esterilización, lava con agua caliente y jabón todo el equipo. El interior, como se dijo antes, deberá ser cepillado con energía para eliminar toda traza de leche, incluyendo las tetillas o chupones, y enjuágalos perfectamente. Hazlo todo con sumo cuidado y amor.

Preparando la fórmula

La preparación de la fórmula requiere que dediques unos momentos a revisar la etiqueta del producto que has decidido utilizar. Sigue al pie de la letra las instrucciones de la lata o el paquete, y no trates de improvisar. Nunca intentes “hacer mejor” el contenido del producto añadiendo más de lo especificado, ya que tu bebé recibiría demasiada grasa o proteínas. También puede darse el caso contrario, si añades más agua de la estrictamente necesaria, correrás el riesgo de sub-alimentarlo.

Cada lata tiene cucharas especiales para la medida que se ha de utilizar en la preparación de la fórmula. Utiliza un cuchillo esterilizado para quitar el exceso de leche en polvo de la cuchara especial; no se te ocurra aplastar o compactar el polvo para ponerle de más.

Una vez puestas las medidas en el biberón, apegada a lo sugerido por la etiqueta del producto, mézclalas con agua potable y tibia en el biberón (ya que los agentes probióticos que contienen estas leches mueren si utilizas agua demasiado caliente en la preparación final de la fórmula). La temperatura final de la leche debe semejar la de la leche materna.

Es hora de dar biberón

Si has decidido dar biberón a tu pequeño con leche de fórmula o con leche obtenida de tus pechos, procura demostrar el mismo amor, dedicación y cariño a tu bebé, como si le dieras pecho. Permite que descanse si lo desea y que tu chiquito decida cuando ha sido suficiente.

Es necesario que te pongas cómoda para el ritual de dar el biberón. Mirarlo a los ojos con cariño, mimarlo, hablarle y sostenerlo con firmeza, serán actos que le serán beneficiosos para su sano desarrollo. Siéntate en el suelo, en una silla, o en algún lugar donde te puedas acomodar con él en tus brazos, sobre tu regazo. Apoya su cabecita en la curva de tu brazo y su espalda en tu antebrazo, sostenlo con tal firmeza y delicadeza que perciba seguridad y soporte.

Antes de administrar el biberón tu bebé, desenrosca un poquito la tetilla para que pueda entrar un poco de aire cuando tu bebé empiece a chupar. Lo anterior se hace con el fin de evitar que la tetilla se obstruya. En el mismo sentido, procura mantener el biberón en un ángulo inclinado lo suficiente para dicha tetilla esté siempre llena de leche, evitando que tu chiquito trague aire.

Ayúdalo a eructar

A veces los bebés se quedan dormidos a la hora del biberón, esto suele causarles gases y provocarles hinchazón. Colócalo de forma erguida, recargándolo sobre alguno de tus hombros, y dale unos golpecitos en la espalda para que eructe.

El eructo tiene la función de expulsar el aire excesivo que los bebés tienden a tragar mientras se alimentan. El hecho de no hacerlos eructar y el aire de más tragado, pueden afectar a algunos bebés al hacerlos regurgitar, estar inquietos y presentar gases.

Si tu chiquito tiene gases, la mejor manera de ayudarlo es sosteniéndolo erguido contra tu hombro, y frotándole suavemente la espalda (en la parte baja de la espalda). Antes de hacerlo te recomendamos te coloques una toalla limpia en la espalda, porque con la expulsión de gases también puede salir un poco de lechita o saliva.

Otra manera de auxiliar a tu pequeño es sentándolo en tu regazo, inclinándolo hacia adelante, sin doblar la cintura. Sostén de manera firme su cabecita con una mano mientras realizas esta acción, para evitar que se caiga.

Tips para darle el biberón

Calienta su leche de fórmula. La manera más eficiente y recomendada es calentar el biberón en baño María. No utilices el horno de microondas para calentar la leche porque puede generar “puntos calientes” que quemen al bebé en la boca. Colócate algunas gotas en tu antebrazo para comprobar la temperatura antes de darle el biberón. La leche deberá estar tibia.

Antes de comenzar sostén a tu bebé con la cabecita levantada, para que pueda respirar y tragar sin problemas. Es probable que en los primeros días tengas que estimular su reflejo de succión acariciándole suavemente la mejilla del lado más cercano a tu cuerpo, con el fin de que abra la boca y sienta deseos de prenderse del pecho.

Dale de comer. Introduce suavemente la tetilla del biberón en su boca, procurando no forzar demasiado la operación, ni empujando a fondo. Cuando tu bebé empiece a succionar, sostén el biberón en un ángulo adecuado para que la tetilla permanezca llena, y no se filtre aire.
Retirar el biberón. Suele pasar que el biberón se termina y tu bebé quiere seguir chupando. Para que suelte la tetilla, introduce suavemente tu dedo meñique limpio entre sus encías, así abrirá la boquita.

Los gases y el eructo de tu bebé

Cada bebé reaccionará de manera distinta ante los gases; algunos muestran cierta tranquilidad después de eructar y otros no muestran mayores cambios. Asimismo, no todos los bebés tragan la misma cantidad de aire cuando maman.

De hecho, los bebés que toman leche de pecho son los que menos tragan aire, ya que, una vez que han “agarrado” el seno, sus bocas crean un vacío de aire y es casi imposible que traguen aire mientras lo amamantas. Sin embargo, es más frecuente que traguen aire al alimentarlos con biberón, pero incluso en este caso, no hay problemas de consideración.

Se observa también que un efecto benéfico de que un bebé eructe, es que te ayudará a cambiar de posición relajándote al tiempo que descansas de la posición que mantenías. El abrazo que le puedas dar es algo reconfortante para él, es un momento adecuado para manifestarle amor de manera delicada al tomarlo en los brazos y cargarlo.

Procura esperar a que termine de comer para hacerlo eructar, no es necesario interrumpirlo en su comida. Una vez que suelta el biberón, cárgalo y apóyalo en tu hombro de cara hacia ti. Si no hay eructos, no te preocupes, no lo necesita; todo tiene su tiempo.

El masaje o las palmaditas que le des no deberán ser muy fuertes, al contrario, procura hacerlo con delicadeza para evitar que vomite. El movimiento suave ascendente hacia arriba es algo mejor que las palmaditas.

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