Tu bebé lactante

Es probable que sea la primera vez que das pecho.

Puede preocuparte no producir suficiente leche o que ésta no sea lo suficientemente nutritiva. No te preocupes, es poco probable que se presenten problemas, ya que la mayoría de las mamás siempre han producido la leche suficiente para alimentar a sus hijos. No hay senos demasiado pequeños para que la naturaleza provea la producción necesaria de leche, la cual se adaptará a las necesidades de tu bebé.

La secreción de leche

La cantidad de leche que produces puede verse afectada de manera importante por factores como tu estado de ánimo, tu salud y tu alimentación. El cambio del calostro a la leche se explica con los cambios hormonales posteriores al alumbramiento; pero la producción de leche de manera sostenida depende en mucho de la succión que el mismo bebé ejerce.

Cuando el pequeño chupa, estimula las terminaciones nerviosas de sus aureolas, las cuales transmiten una señal al cerebro, donde la glándula pituitaria y el hipotálamo juegan un papel muy importante. El hipotálamo envía señales a la pituitaria para que se libere prolactina, una hormona estimuladora de la producción de leche. A la respuesta de la succión del bebé se le conoce como “reflejo prolactina”.

Tus pechos se preparan

La producción de leche materna requiere de una preparación de los senos femeninos. Éstos tienen entre quince y veinte grupos de glándulas comunicadas con el pezón por medio de los conductos mamarios.

En el tiempo de tu embarazo la placenta y los ovarios producen altos niveles de estrógeno y progesterona, estimulando a su vez la secreción de calostro el cual proporciona a tu bebé agua, proteínas, azúcar, vitaminas, minerales y anticuerpos, que le protegen contra las infecciones.

Después de tres días de haber nacido tu bebé, el cuerpo deja de producir calostro y empieza a secretar leche. La succión que ejercerá tu pequeño estimulará su producción, produciendo la prolactina y la oxitocina.

La glándula pituitaria secreta oxitocina, esta hormona provoca la contracción de las fibras musculares que rodean las glándulas mamarias, liberando la leche en los conductos mamarios. Cuando los senos están llenos de leche, ésta “baja” (reflejo de bajada) no sólo con la succión sino también ¡con el llanto de hambre de tu bebé! o por tu cercanía física con él.

La demanda de leche

Tu bebé podría asimilar una ración completa de leche materna hasta en dos horas (la mitad del tiempo para la digestión de un biberón). El amamantar a tu bebé requerirá hacerlo a demanda, lo cual significa que habrás de hacerlo muy a menudo, aunque esto significa que tus pechos habrán de satisfacer dicha demanda de manera natural.

Las investigaciones demuestran claramente que las mamás que dan pecho a sus bebés cada vez que éstos lo piden, producen la leche necesaria; al contrario de aquellas mamás que los alimentan de manera regular, pero con menos frecuencia.

También se observó que los bebés que mamaban cada vez que lo querían, en comparación con aquellos que eran alimentados en periodos regulares (cada 3 o 4 horas), amamantaban un promedio de diez veces al día, mientras que los últimos apenas siete veces. La alimentación más frecuente era ilimitada, o sea, que no se hizo ninguna división de las porciones para aumentar dicha frecuencia, sino a libre demanda del pequeño.

Una mejor alimentación

Entre muchos estudios relacionados con la leche materna y su provisión natural para alimentar a los bebés, se asegura que aquellos bebés que mamaban a libre demanda recibían un promedio de casi 73 mililitros de leche cada vez (unos 725 mililitros al día); mientras que los bebés que recibían su ración a intervalos dispuestos regularmente, recibían únicamente 68,8 mililitros (502 mililitros). Después de dos semanas, los bebés sin límites para mamar habían ganado más peso que los segundos.

Una gran producción

Para producir leche abundante lo único que debe ocurrir es que tu bebé amamante, mucho y con frecuencia, esto hace que la prolactina y el reflejo de la eyección láctea (bajada) actúen a menudo. Esto evita, asimismo, la congestión de los pechos (hinchazón de las glándulas mamarias debido a la abundancia de leche).

Si se presenta una inflamación se dificultará la secreción de leche, y en ti se reducirán las ganas de dar pecho porque te causará dolor. El reflejo que promueve la secreción de prolactina se debilita y la producción de leche disminuye. Los senos congestionados pueden aliviarse exprimiendo la leche, y también el amamantar a tu bebé con frecuencia evitará que esto vuelva a suceder.

Es importante esperar a que la leche de un pecho se agote, antes de cambiar de posición a tu bebé, así recibirá la primera leche, baja en calorías, que saciará su sed, y también la leche que le sigue, altamente nutritiva y rica en sustancias grasas.

Tu bebé debe comer muy bien, ya que sus necesidades corporales son muy elevadas, incluso más que durante el embarazo.

Exprime la leche

La leche que se obtiene exprimiendo el pecho se puede administrar con un biberón a tu bebé, esto en el caso que no puedas atenderlo durante algunas horas por trabajo o algún compromiso.

La leche se puede obtener a través de la utilización de una bomba manual con la cual, por medio de un embudo que se acopla a la aureola hasta crear un vacío, se exprime leche al accionar su palanca. Sin embargo, puedes utilizar tus manos y exprimir la leche, aunque es una técnica más lenta.

También existen en el mercado sencillos aparatos eléctricos para la succión de la leche, aunque son más caros pero más eficientes y rápidos, imitando la acción succionadora del bebé.

Una vez que has obtenido la leche, cierra bien el biberón y guárdalo en el refrigerador de la casa hasta el momento de utilizarlo. Esta leche se mantiene en óptimas condiciones hasta por 48 horas, y puede durar hasta seis meses en el congelador.

El bebé no tiene hambre

Puede darse el caso de que tu bebé no quiera amamantar, y esto suele ocurrir durante los primeros días de su nacimiento, porque seguramente tendrá demasiado sueño.

Si tu bebé rechaza mamar del pecho, no te desesperes, es algo común y lo mejor será que esperes a que tenga hambre; exprime la leche y ten paciencia. Los bebés suelen comer muy bien cuando están hambrientos.

En caso de que tu bebé tienda a quedarse dormido después de haber empezado a mamar, procura acomodarlo de lado, contigo hacia él. En esta posición el pequeño se cansará menos al succionar.

Otra prueba se presenta cuando al bebé le cuesta pescar el pecho, y esto pasa debido a que los senos están congestionados, y la inflamación le puede imposibilitar comer. Exprime algo de leche para reducir la hinchazón, así será más fácil que tu hijo pueda amamantar.

Aliméntate sanamente

En lo referente a tu alimentación, no es necesario apegarse a una dieta especial para la lactancia, aunque lo mejor es siempre comer equilibradamente, incluyendo muchas proteínas, hierro y calcio; además habría que consumir una gran cantidad de líquidos, frutas secas y verduras. Tres buenas comidas al día, con los tentempiés o colaciones de frutas, queso y bebidas lácteas. Una buena alimentación siempre te llenará de energía e impedirá que te fatigues demasiado.

El cuidado de tu bebé puede requerir de mucha energía, así que procura tomar descansos y siestas cada vez que puedas. Puedes tomar suplementos de hierro a diario. En caso de padecer diabetes un médico deberá vigilar tu dieta y los niveles de glucosa e insulina.

Asimismo, con la reactivación de las relaciones sexuales evita tomar anticonceptivos orales, y espera hasta que finalice el periodo de la lactancia.

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