Trastorno de déficit de atención e hiperactividad

Falta de atención, hiperactividad e impulsividad.

¿Cuándo podemos hablar de un trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad? En este tipo de trastorno convergen: falta de atención, hiperactividad e impulsividad. Cuando se presentan predominantemente la falta de atención e impulsividad, hablamos de un trastorno de déficit de atención. Si sólo se presenta uno de estos aspectos en forma predominante, hablamos de un trastorno de atención, de impulsividad o de hiperactividad.

Los niños con bajos periodos de atención tienen dificultades para concentrarse en algo concreto y se aburren rápidamente de una actividad al poco tiempo. Los niños con hiperactividad muestran altos niveles de actividad física y se les ve en constante movimiento. A los niños impulsivos les cuesta trabajo controlar sus reacciones y no miden las consecuencias antes de actuar.

La tasa de fracaso escolar de los estudiantes con TDA-H es dos veces mayor al resto de los alumnos. La mitad de los niños con este trastorno ya han repetido un curso escolar al llegar a la adolescencia y más de un tercio deja los estudios (Papalia, Psicología del Desarrollo en la Infancia 2003).

La herencia genética puede ser un factor relevante, como también la presencia de niveles bajos de ciertos neurotransmisores, la exposición a toxinas del medio ambiente como el plomo, las anormalidades prenatales y de post-parto, entre otras causas. Este trastorno se manifiesta de cuatro a nueve veces más en los niños que en la población infantil femenina (Papalia, 2003).

Cuando se sospecha de la presencia de este trastorno, se recomienda a los padres que acudan a un Consultorio de atención especializada donde se iniciará la Historia Clínica del niño y se establecerán los estudios y pruebas formales a aplicar con vistas a la atención integral del menor. No es raro que se recomiende el acompañamiento terapéutico para los padres del menor, dadas las implicaciones familiares que podrían darse, según el caso.

Habiendo comentado someramente información general sobre este trastorno, se llama la atención de los padres de familia para no dejarse llevar por diagnósticos infundados emitidos por agentes sociales y educativos no competentes en la materia. Este es uno de los trastornos que se han puesto más de moda en los últimos años, en buena parte, como consecuencia del desconocimiento especializado del mismo, así como debido a las prácticas de crianza y educativas mal planteadas. Un examen concienzudo sobre lo que ocurre al interior del salón de clases o al interior de un hogar, puede hacer saltar la baja competencia docente o parental en el manejo de los niños pequeños, de los niños en edad escolar, adolescentes e incluso jóvenes adultos.

Algunos casos ilustrativos

Oscar está por terminar su educación elemental, es un niño muy nervioso, basta con tener un día de escuela difícil para que permanezca el resto de la tarde irritable; es un chico muy listo, inteligente, se define a sí mismo como perfeccionista… comenta que entre sus problemas escolares está el tener una caligrafía no muy buena, frecuentes faltas de ortografía y sin duda, entre sus puntos fuertes podemos citar buenas habilidades espaciales en el manejo de figuras geométricas. Siendo muy pequeño le detectaron hiperactividad y bajos periodos de atención; desde entonces sigue disciplinadamente una medicación y evaluación neurológica periódica que le ayuda a controlar estos desórdenes, permitiéndole llevar una vida funcional.

Lety es una niña de preescolar que con frecuencia llora ante la menor frustración y constantemente se mete en líos por no saber aguardar su turno en los juegos y actividades escolares; si no está platicando con su vecino de banca, está trepando de la silla a la mesa para alcanzar el estante de cuentos infantiles, o saliendo constantemente del salón. Difícilmente permanece sentada, no concluye sus trabajos escolares, pierde sus cosas con excesiva frecuencia, salta, brinca, va y viene todo el tiempo. Parece no obedecer, pero tiene dificultades para escuchar atentamente las instrucciones del maestro, pues aún no ha terminado de hablar, cuando ya está volteando por todos lados o platicando con el del junto. Su desempeño escolar está condicionando seriamente la aprobación del curso. En casa continúa su comportamiento igual de difícil. No sabe cómo relajarse, no se está quieta por un momento y tiene dificultades para dormir.

Matías presenta algunos problemas similares a Oscar y Lety, pero sigue un tratamiento alternativo con una dieta nutricional acorde al trastorno que padece, lo que le permite llevar una medicación muy baja y asiste a terapias de aprendizaje, emocional y actividades artísticas-ocupacionales, pues es un chico con gran iniciativa para profundizar en inquietudes diversas.

Fernanda presenta rasgos autistas, contacto visual muy pobre, con la presencia de tics involuntarios, hiperactividad, periodos de atención bajos, acciones impulsivas, un notable retraso en el lenguaje (emite sonidos ininteligibles y rara vez palabras aisladas), muestra habilidades sociales muy pobres, con una disposición al aprendizaje no muy buena (dado que no imita, su aprendizaje tiene una fuerte connotación conductual).

Pedag. María de los Angeles Ortiz

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