Tercera Etapa: Expulsando la placenta

El proceso ha terminado.

La tercera etapa del nacimiento es la que señala el momento en que el útero descansa un rato, pero al término de estos minutos reaparecen contracciones cuyo objetivo es expulsar la placenta. Esta etapa, en comparación a lo que acabas de vivir, es relativamente indolora, y tal vez ni te des cuenta que sucede, al estar tan absorta con tu bebé recién nacido.

¿Quieres conocer tu placenta? Muchas mamás primerizas desean saber cómo es la placenta de su bebé. Ésta tiene un diámetro de veinte o veinticinco centímetros, con un peso de alrededor de medio kilo, con una forma de disco cuya superficie puede variar. Su superficie, del lado del bebé, formaba un todo con la pared del útero, y cubierta con muchas membranas.

La placenta es plana, lisa, con vasos sanguíneos que irradian desde el cordón umbilical, cuyo lado suele estar pegado en la pared del útero, compuesta de pliegues y cotiledones que permiten el intercambio de gases. Este lado de la placenta es de color oscuro, con un aspecto que semeja pedazos de hígado unidos en una sola pieza.

La placenta es lisa y plana del lado que toca al bebé, y el cordón umbilical está cubierto de vasos sanguíneos, y sale del centro.

En esta etapa, la placenta se desprende de la pared uterina, es expulsada por el conducto vaginal, y los vasos sanguíneos que la comunicaban con el útero quedan desgarrados. Sin embargo, no es común que haya desangrados, ya que los músculos uterinos están dispuestos de forma entrecruzada; dichos músculos aprietan los vasos sanguíneos, impidiendo la hemorragia. Por ello, es necesario que el útero se contraiga hasta formar una pared en forma de pelota, después de que fue expulsada la placenta.

La aplicación de un masaje periódico durante un lapso de sesenta minutos, después de nacido tu bebé, posibilita el mantener el útero contraído. La tercera etapa dura, por lo general, entre diez y veinte minutos, aunque puede ser menos el tiempo según el control que se lleve a cabo.

La placenta ha de bajar después de desprenderse de la pared uterina, hasta la vagina. El médico especialista o la comadrona no intentarán sacarla hasta que sea evidente tal desprendimiento. Las principales señales son las contracciones, las cuales comienzan de nuevo a los pocos minutos del nacimiento, indicando la inminencia del desprendimiento, y el deseo de empujar de nuevo. La placenta se ha separado de la pared uterina, haciendo presión sobre la base de la pelvis.

El especialista o la comadrona, identificará las señales y procederá a tirar de manera suave el cordón umbilical, al tiempo que presiona por encima del borde de la pelvis para controlar el descenso. El orificio vaginal expulsará las membranas, y tal vez algún coágulo.

En su salida, la placenta atravesará la vulva, ya sea saliendo su centro en primer lugar, arrastrando las membranas, o apareciendo un borde placentario que acaba saliendo de lado, a través de la vulva.

Algunas mamás desean ver su placenta, pues se considera un órgano muy interesante que logró mantener con vida al bebé durante nueve meses. Cuando la placenta ya ha sido expulsada, el equipo de médicos verificará su estado y se asegurará que no queden residuos en el útero. Si algo de la placenta queda ahí, podría haber hemorragia más adelante, por lo que es necesaria su extracción completa.

En caso de que haya duda sobre si quedaron residuos, una ecografía será de utilidad, para ver si el útero está vacío. Las membranas deben de formar una bolsa, con excepción de la parte donde salió el bebé. El especialista examinará el extremo seccionado del cordón, para verificar su normalidad.

Después de expulsada la placenta, se examinará la vulva para confirmar que no tenga desgarres que habrían de ser suturados de inmediato.

La tercera etapa, bajo control. En el año de 1935 se empezó a utilizar un fármaco llamado ergometrina con la idea de poder ejercer un mayor control activo en la tercera etapa, reduciendo los casos de hemorragia excesiva o pérdida de más de quinientos mililitros de sangre. Ésta trabaja produciendo la contracción prolongada del útero, sin permitirle relajarse. Mientras el útero esté contraído es improbable que haya hemorragias.

Una vez que han comenzado las contracciones, la placenta se separa de las paredes uterinas, reduciendo la duración de esta tercera etapa.

La aplicación de fármacos contra la hemorragia ha resultado algo positivo. La sintometrina normalmente se utiliza como una combinación de ergometrina y sintocinona. La ergometrina por sí sola tarda un poco en hacer efecto, y puede producir náuseas, pero la sintocinona actúa con rapidez, estimulando las contracciones del útero.

La sintometrina se inyecta en el momento de la coronación o en el momento que haya salido uno de los hombros. Es muy usual su uso para prevenir hemorragias postparto, aunque la mamá produce oxitocina de manera natural, cuando ve a su bebé y lo abraza.

Una probable hemorragia. La hemorragia postparto no es frecuente, pues el cuerpo tiene de manera natural una defensa con su propio dispositivo para protegerse de la pérdida de sangre. Una vez que el útero se ha vaciado se contrae hasta una dimensión parecida a la que presenta una pelotita de tenis. La contracción de los músculos uterinos bloquea las arterias locales, las cuales ya no pueden sangrar.

En una situación normal el sangrado es escaso. Los residuos sanguíneos (loquio) son de color rojo durante algunos días posteriores al parto, para después tornarse de tonalidad parda hasta desaparecer dos o tres semanas después.

La hemorragia se presenta en caso de que alguna parte de la placenta haya quedado en el interior del útero. Es la hemorragia posparto, de ahí que tras su expulsión es necesario que los médicos verifiquen que no hay residuos. En caso de haber quedado alguno, habrá que administrar a la mamá anestesia general o regional, para poder retirar suavemente los restos.

Si aparece una hemorragia después de veinticuatro horas del parto, el loquio aparecerá de color rojo brillante. En este caso es necesario recurrir al médico, quien puede sugerirte descansar algunos días.

Si la hemorragia persiste o empeora, esto podría ser el síntoma de que hay un residuo en la placenta, por lo que habrá que llamar al médico para tomar las medidas adecuadas. La aparición de coágulos de sangre es motivo para llamar a una ambulancia para un traslado a urgencias.

Los loquios o lochia es el término que se le da a una secreción vaginal normal después del parto, que contiene sangre, moco y tejido placentario. El flujo de loquios continúa hasta por seis semanas. Es una secreción que huele similar al olor del flujo menstrual.

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