Soliloquios

¿Mi hijo habla solo?

Primero comencemos por definir qué es un soliloquio…

Del latín soliloquiu(m), de hablar (loqui) y solo (solus). El soliloquio es hablar en solitario; una especie de diálogo del personaje consigo mismo.

Según Robert Humphrey, «el soliloquio difiere básicamente del monólogo interior en que, aunque se trata de un solo hablante, supone, con todo, la existencia de un público convencional e inmediato. Esto a su vez confiere al soliloquio características especiales que le distinguen, aún más claramente, del monólogo interior. La más importante de ellas es su mayor coherencia, puesto que su propósito no es otro que comunicar emociones e ideas relacionadas con un argumento y una acción, mientras que el monólogo interior consiste principalmente en expresar una identidad psíquica».

El habla privada, como también se le conoce es una parte primordial en el desarrollo cognoscitivo de los niños pues les ayudan a controlar su comportamiento y adquirir nuevas habilidades.

Seguramente en más de una ocasión habrás notado a tu hijo o algún otro niño hablar solo y esto nada tiene que ver con desequilibrios mentales como muchas personas suponen.

Cuando un niño habla solo no está haciendo nada más que dirigir su propio comportamiento y con ello aprender habilidades nuevas.

Todo es en base al aprendizaje; cuando un niño se presenta a una tarea nueva recitará en voz alta los aspectos del problema que le causarán más inquietud. Conforme adquieran más capacidad, el habla privada se convertirá en una murmuración inaudible. Después de un tiempo cuando ya han ejercitado las operaciones cognitivas necesarias para hacer dicha tarea, el niño será capaz de pensar las palabras en voz baja.
Piaget creía que el habla privada no tenía función comunicativa y que desaparecía gradualmente a medida que aumentaba la capacidad infantil para una interacción social real lo cual es falso pues el impulso de hablar solos nunca desaparecerá; en cualquier situación que te encuentres puede resurgir; más de una vez incluso en la adultez pensamos en voz baja.

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