Segunda etapa: nace tu bebé

Todo valió la pena.

El nacimiento de tu pequeño es la cosa más hermosa que esperas ocurra. La expectativa de tu pareja y la familia es que después de nueve largos meses de cuidados, todo salga lo mejor posible. Tal vez el parto sea doloroso, pero el resultado de tu esfuerzo es la dicha de estar rodeada de tu pareja, familia y amigos, junto con el recién nacido.

El final de la primera etapa está marcado por la relajación del cérvix, que estará completamente dilatado. Tus deseos de empujar se harán difíciles de ignorar, pero antes la comadrona debe comprobar el estado del cérvix. Los últimos centímetros de dilatación los alcanzarás en pocos segundos; no te aguantes ni te resistas, en el momento que te digan que la dilatación es completa, empuja con fuerza.

Respiración. No olvides aplicar lo aprendido en tus clases prenatales respecto al control de las respiraciones. Las técnicas de respiración te ayudarán a mantener la calma en los momentos más difíciles del parto, sobre todo hacia el final de la segunda etapa, que culmina con el nacimiento del bebé.

En lugar de usar el tórax y el cuello, trata de respirar únicamente por la boca. Aspira y expira, controlándote con los labios. Comienza lentamente e incrementa gradualmente el ritmo. No exhales de manera profunda, porque podrías hiperventilarte. Si te sientes mareada, aunque sea levemente, tápate nariz y boca, mientras sigues respirando.
El traer un bebé al mundo te dará las fuerzas para lograrlo, y su nacimiento es inminente.

El esfuerzo y las contracciones. La segunda etapa del parto se refiere al momento de la expulsión del bebé. En este momento el cérvix está dilatado permitiendo el nacimiento del pequeño, en un trabajo que dura máximo dos horas.

La duración promedio de un nacimiento puede calcularse en alrededor de una hora, lapso que varía para reducirse hasta veinte minutos, cuando hablamos de subsiguientes niños en el caso de nacimientos múltiples. Las contracciones en este periodo duran de sesenta a noventa segundos, con intervalos de dos a cuatro minutos.

El impulso a pujar. El deseo por empujar, conocido con el nombre de esfuerzo de expulsión, se debe a la presión que ejerce el bebé sobre la base de la pelvis y el recto. Trata de controlar el esfuerzo, de tal forma que éste sea estable y lento, dándole tiempo a los tejidos vaginales y perineales para permitir el paso de la cabeza del bebé.

La posición más efectiva para ejercer la presión es de pie, con los brazos alrededor del cuello de tu pareja, o arrodillada; de esta manera la fuerza de gravedad ayuda en el proceso. Por el contrario, si permaneces acostada boca arriba, con almohadas, la presión que ejerces luchará contra esa misma fuerza de gravedad, ralentizando el trabajo de parto.

Como recomendación, lo mejor será que el área de la pelvis y la zona anal estén totalmente relajados, así que esfuérzate por mantener relajadas esas zonas. No te sientas mal si orinas o defecas, es algo que le ocurre a muchas mujeres, y el equipo que te atiende ya está preparado para todo.

Sigue estas recomendaciones:

Una vez terminado un empuje, respira un par de ocasiones, lentamente. No te relajes de golpe al terminar una contracción.
Esta etapa es muy lenta, y puede que te pregunten la posibilidad de usar fórceps, para apresurar el nacimiento.
Si logras relajarte, el bebé seguirá descendiendo.

Un nacimiento normal.

Uno de los primeros signos de que el bebé toca la puerta, es la inflamación que se presenta en la región anal y el perineo. Cada contracción empuja al bebé hacia afuera de la zona vaginal, un fenómeno llamado “coronación”. Al momento que el chiquito esté en la zona de tránsito, estirará los tejidos de la vagina, generándote ardor o escozor. Cuando experimentes esto, deja de empujar y permite que la vagina haga su trabajo sola. Es hora de controlar la respiración y relajarse, ya que si pujas, puedes provocar un desgarramiento.

Recuéstate, deja de empujar. Relájate por completo. Has lo posible por distender los músculos de la zona perineal. El ardor que puedas experimentar pasará rápido, y será sustituido por un adormecimiento generado por el bloqueo de los nervios, generando un efecto anestésico natural.

Existe la posibilidad de un desgarre, y en tal caso el equipo de médicos te sugerirá una episiotomía.

El bebé se asoma a la vida. Al momento que la cabecita del bebé asome, éste mirará hacia abajo, y girará hacia un muslo. Las enfermeras o la comadrona lo limpiarán, retirándole los restos de líquido de la nariz y vías respiratorias. Al mismo tiempo, confirmarán que no le rodee el cordón umbilical. En caso contrario, habrá que pasarlo por encima de su cabecita, formando un aro a través del cual pasará el cuerpecito. Si dicho cordón aprieta demasiado, habrá que aplicar un torniquete y cortarlo.

Una vez que el bebé asoma la cabecita, las contracciones cesarán por un momento, pero comenzarán otra vez al momento de que salga un hombro y luego el otro. Una vez afuera, el bebé acabará por salir con rapidez al tiempo que los asistentes lo sostienen, ya que el cuerpecito estará muy resbaladizo.

El bebé gira y se retuerce al tiempo que baja por el conducto vaginal, con el objeto de facilitar su nacimiento. En este momento, el pequeño tiene un cuerpo maleable que se amolda paso a paso al ducto de la vagina inferior, rumbo al exterior. El bebé realiza varios movimientos de ajuste mientras avanza el parto.

Lo primero es que mientras desciende por la pelvis, apoya el mentón en el tórax; gira la cabeza; dobla la cabeza hacia atrás hasta que la nuca toque la espalda, al momento de asomarse por el orificio vaginal. El bebé entonces gira de un lado a otro, de forma que pueda sacar un hombro, y después salir por la vagina. Imagínate la sucesión rápida de sus movimientos para poder ver la luz, son tan rápidos que apenas se podrán advertir. El resto del cuerpo sale: torso, nalgas y piernas.

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