¿Por qué deja de comer?

Lidiando con los problemas de inapetencia en el niño.

El bebé había estado dispuesto hasta ahora a degustar gradualmente nuevos sabores y texturas y de pronto casi sin notarlo tiene más de una semana que se muestra inapetente o rechaza algunos alimentos básicos en su dieta exagerando el consumo de otros.

Los padres al notarlo piensan: ¿Estará enfermo?, ¿Será la época de calor que le impide comer alimento sólido?, ¿Será que quiere llamar la atención ahora que tiene otro hermano?.

Cualquier respuesta puede ser posible el caso es tratar de identificar la causa rápidamente para evitar que el niño quede habituado en cierta conducta que dañe su salud.

Para ello debemos prestar atención a los siguientes aspectos.

1) Edad evolutiva.- entender que después del año de edad el niño es más independiente y su curva de crecimiento desciende por lo tanto requerirá menor cantidad de alimento, otro momento importante es cuando los niños experimentan “neofobia” o miedo por lo nuevo y en el caso de los alimentos ello ocurre entre los 3 y 5 años donde se vuelven algo melindrosos al presentársele nueva comida.

2) Los casos de enfermedad que pasan desapercibidas y pueden causar inapetencia son: parásitos intestinales, es necesario estar al pendiente de los niños que gatean o juegan con tierra, la anemia ya sea causada por parásitos o por el consumo de cantidades exageradas de leche (más de 3 tazas cuando son mayores de 1 año) ya que no dejan espacio en la dieta para el consumo de alimentos con mayor contenido de hierro y vitamina B12.

Las alergias alimentarias no detectadas y por último las infecciones de orina que a menudo presentan problemas de inapetencia persistente sin otros síntomas.

Es necesario discutir con el médico si el niño padece alguno de los problemas mencionados para lograr avanzar.

3) Los problemas psicosómaticos que están más asociados en niños a la ausencia de un ser querido que fungía como cuidador principal, o la llegada de un nuevo niño a la familia, las estancias en los hospitales están también relacionadas con el desagrado por la comida, es muy frecuente apreciar que el niño tiene retrocesos en la alimentación, por ejemplo; regresa a las papillas cuando ya masticaba después de salir del hospital.

Los niños que de pequeños requirieron ventilación artificial por un problema crítico de salud o presentaron reflujo gastroesfágico agudo, pueden haber fijado una sensación traumáticas al momento de ser alimentados que los hace defensivos al momento que se les presenta el biberón o la cuchara.

¿Cómo enfrentar la situación? Aunque el problema puede causar ansiedad puede estar seguro que tiene arreglo.

Aquí la clave es el comportamiento de la familia en torno a la problemática.

Expertos en el tema como el Dr. Joel Match, Doctorado en Psicoeducación quien atendión más de 400 casos, la Dra. Irene Chatoor, actualmente Directora de del Programa de Salud Mental en Infantes y preescolares en el Centro Médico Nacional de la Universidad J. Washington, E. U., y un grupo de terapistas ocupaciones que participan en las clínicas de alimentación en Estados Unidos, brindan abundante información sobre el abordaje de este problema.

Entender la causa del problema de manera objetiva sin justificar ni culpar a nadie por la forma en que hasta ahora se viene tratando.
Si el problema es una enfermedad leve, con otorgar tratamiento médico quizá baste.

En caso contrario es necesario entender que el niño aprende fácilmente a defenderse de aquello que le molesta o siente dañino, por ejemplo; si estando internado en el hospital sintió nauseas a causa de la fiebre al momento en que le daban la sopa es probable que haya reaccionado volteando la cabeza y sus cuidadores le hayan dejado de ofrecer, inmediatamente el niño aprende que basta sólo un gesto, un acceso de tos o provocarse el vómito., para huir de algo que parece agredirlo.

2. La manera en la que reforzamos las conductas en el niño las que le hacen persistir o desistir del comportamiento de evasión a los alimentos, si insistimos en aprisionarlo forzándolo a comer obtendremos mayor rechazo y si por el contrario le permitimos que rechace el alimento el niño continuará en la misma posición.

De manera que debemos abrir terreno diciéndole algo que le indique que el momento de comer ha llegado: por ejemplo; “Es hora de comer” y sentarlo en su lugar, si el niño rechaza la advertencia, igualmente se le sienta de forma amigable sin amenazas y tratando de que la persona que haga esta aproximación sea aquella que sea mejor tolerada por el niño.

En seguida se le enseñan los utensilios, si por ejemplo; si el niño tira la cuchara le permitimos que la toque o tocamos sus mejillas con ella, diciendo: “solo es una cuchara”, gradualmente vamos permitiendo que la cuchara toque los labios.

Posteriormente le decimos: “Ahora pondré un poco de fruta en la cuchara y me mostrarás como te lo comes” con la promesa de que inmediatamente después degustará también aquel alimento que si le guste consumir, en un principio basta con pocas cucharadas de aquello que rechaza pero la intención es que la sustitución sea gradual.

Si el niño llora después de la primera cucharada sólo se le dice: “lo has estás haciendo bien”, si la escupe o tira, amigablemente se le da una nueva cucharada.

3. El adulto proveerá seguridad al niño cumpliendo lo que promete, si la meta son 3 cucharadas para esa comida no se le dará más, para ello la familia debe hacer un acuerdo consciente sobre la forma de actuar ya que habrá ocasiones en que el niño se levante de la mesa sin comer lo suficiente y no se le podrá suplir esta comida hasta el siguiente horario a no ser que le den un poco de agua.

Los autores en el tema coinciden las intervenciones de alimentación que fracasan es porque la familia desiste rápidamente ante el rechazo del niño. Para evitar la deserción asegúrese de los siguiente:

Buscar el momento adecuado, si el niño está muy bajo de peso pida consejo sobre cómo elevarlo con el uso de suplementos antes del programa conductual.

Discuta con la nutrióloga cuáles son los alimentos que el niño requiere y en qué cantidad para establecer la planeación de la introducción o reintroducción de los mismos de manera gradual.

El mayor estimulo que puede darle al niño es su aceptación incondicional y su persistencia sin que ello implique que se le consienta por considerarlo niño incapaz de madurar, ningún regalo hará que el niño vea el alimento como una fuente de energía sino como premio o castigo.

Pida asistencia a la familia mostrándole nuevos distractores al niño, el hecho de preguntarle frecuentemente cómo ha comido, haciendo exclamaciones exageradas sobre su inapetencia o diciendo a todos lo mal que sigue comiendo sólo aumentará la persistencia del niño en este mal hábito.

Sea el mejor ejemplo para sus hijos; aquellos padres que procuran una buena dieta y la consumen son el mejor patrón a seguir, tratar de hacer por lo menos un tiempo de comida con el niño aunque éste coma poco puede obrar maravillas, aun si el niño ha terminado de comer, es factible pedirle que les acompañe en la mesa mientras papá y mamá terminan sus alimentos.

Adria Plascencia Vela
Lic. En Nutrición y Terapista de alimentación
terapiaorofacial@gmail.com
Tel: (81) 12343628

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