¡Papá, mamá! ¿Por qué no me escuchan?

Aceptando los sentimientos de los hijos.

La relación entre cada padre y su hijo suele ser un asunto personal y privado. Pero siempre que observamos en otros el ejercicio de esa paternidad, todo parece más sencillo, solemos, como quien dice “mirar la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”.

Durante el noviazgo, mi esposo y yo solíamos tener largas conversaciones sobre cómo “educar” a los hijos que tendríamos, Éramos unos “expertos” en los cómos y porqués de la relación padres e hijos. Recuerdo que en ese entonces mirábamos a otros padres librar batallas campales contra los berrinches, las verduras de la hora de la comida, los pleitos entre hermanos, las exigencias de atención infantil y pensábamos –ingenuamente- “¡Cómo que no puedan controlar los berrinches de ese niño! ¡Qué tan difícil puede ser hacerlo comer esas verduras o lograr que duerma en su cama!

Ahora tenemos tres hijos. Encontrar la mejor forma de comunicarnos con cada uno de ellos no ha sido fácil; y no es porque sean niños super-problemáticos y desobedientes, sino porque cada uno tiene diferentes necesidades y formas particulares de expresarlas –eso también lo descubrimos-. ¿Cómo lograr hacernos entender sin gritos, sin las ganas de un buen par de nalgadas? ¿Cómo lograr no sólo que obedezcan, sino que lo hagan convencidos del por qué y sintiéndose cómodos al hacerlo? ¿Cómo fortalecer nuestra comunicación y propiciar un ambiente de amor y de confianza al interior de nuestra familia?

El interés por mejorar nuestros vínculos nos llevó a algunos textos ligeros que tratan sobre la crianza de los hijos, a conversaciones con “padres veteranos”, también con familiares y amigos –debutantes en la “profesión”- de esos “entusiastas” que viven en el mismo limbo que nosotros; en fin, nos involucramos en un ir y venir de consejos y libros “bien intencionados”.

Nos dimos cuenta que la mayoría de “nuestras fuentes” y nuestra propia experiencia en el “campo” señalaban hacia una dirección en común: tenemos que tratar de entender lo que nuestros hijos en realidad quieren expresar y, desde esa perspectiva, hacernos escuchar como padres (¡Qué, qué!)

¿Parece sencillo? ¡Inténtelo! Observando con atención podremos darnos cuenta que cada cosa que expresan nuestros hijos tiene que ver con los sentimientos que determinada situación les genera. Si encontramos el “sentido oculto” de cada expresión y logramos “descifrarlo” -y sobre todo de respetarlo- mejoraremos nuestra relación padres e hijos y contribuiremos a fortalecernos como familia.

Démosles un lugar a nuestros hijos y pongamos atención a las cosas que son importantes para ellos: en la medida que los escuchemos y respetemos, les demostramos la valía e importancia que tienen como miembros de la familia –además de fortalecer la confianza y su autoestima-.

La próxima vez que su hijo le diga algo tan simple como “Mami/Papi, estoy cansado”, no cometa el error de contestar cosas como “eso no puede ser, dormiste muy bien a medio día”. Porque, independientemente de lo que usted piense, su hijo está cansado. Así de simple. Y no necesita que se le diga por qué no debe sentirse así o, peor aún, mandar el mensaje de que la percepción que tiene de su persona no es válida y la del adulto si.

Si nos dedicamos a argumentar y a negar los sentimientos de nuestros hijos, podemos provocar no sólo su enojo y su confusión sino que, a la larga, tengan poca confianza en sí mismos y en lo que sienten. En mi familia, estamos en el camino de mejorar nuestra relación y queremos compartirlo: escuchar y ser escuchado, respetar y ser respetado en tu persona y en tus sentimientos es una regla de oro que intentamos llevar a cabo día tras día. Tenemos la esperanza de que, educados bajo ese entendimiento, nuestros hijos –futuros padres- podrán comunicarse mejor con los propios y contribuir así a la construcción de más y mejores familias.

Norma Ramos
TAD (Think . Action . Development)
www.1tad.net

Aún no hay comentarios

Dejar tu comentario