Necesidades afectivas de los ninos

Cuando un bebé llega al mundo se encuentra totalmente desvalido.

A diferencia de otros animales, el ser humano al nacer no es capaz de valerse por sí mismo.

Necesita forzosamente de los cuidados de una persona adulta que no sólo le brinde lo necesario para sobrevivir físicamente, sino también le dé el cariño y el afecto que necesita, de lo contrario podría tener consecuencias fatales.

En este sentido, algunas investigaciones científicas reflejan que la “muerte de cuna” puede estar relacionada con esta falta afectiva por parte de un adulto hacia el bebé.

Es por ello que la madre, en una primera instancia, es la persona más importante para el bebé, ya que es con quien tiene su primer contacto.

Se vuelve indispensable que la madre le brinde los cuidados y el afecto necesarios.

Posteriormente, entra en juego la figura paterna, quien se convertirá en el primer contacto con “los otros”, al margen de la relación que se crea entre madre e hijo durante los primeros meses.

Esta figura de cariño también será de vital importancia para el desarrollo emocional del niño.

En definitiva, vemos que las figuras más importantes al inicio del desarrollo emocional del niño son sus padres, quienes tendrán que ofrecer el suficiente cariño, comprensión, apoyo y sostén para que sus hijos se conviertan en adultos sanos y más felices.

Por otro lado, es de suma importancia que los padres aprendan a detectar y visualizar las necesidades afectivas de sus hijos, en aras de que se genere una buena comunicación con ellos, ya que cada niño/hija es diferente y sus necesidades afectivas varían.

Tal vez para algunos de nuestros hijos un abrazo es suficiente, pero puede ser que para el otro sea mejor acompañarlo de un beso.

Finalmente, lo que necesitan los niños es mucho cariño y comprensión, vivir en un espacio donde se sientan amados, escuchados y comprendidos, donde el amor de los padres sea incondicional y se manifieste como tal.

No obstante, no hay que perder de vista la importancia de fijar los límites y las normas en el hogar, ya que el hacerles conscientes de ello, les permitirá entender mejor cómo funciona el mundo exterior.

En este sentido, hay que aclarar que los regaños y castigos que los padres impongan a sus hijos cuando hagan alguna travesura, no deben estar ligadas a la pérdida del amor de los padres hacia ellos, a través del rechazo.

Se debe analizar la dimensión y gravedad de aquello que hizo el pequeño para, posteriormente, actuar en consecuencia.

Psic. Luz María Huerta Cantú
Miembro de la Sociedad Psicoanalítica de México (SPM)
www.spm.org.mx
Tel.: 5286 1744 y 5286 5509

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