¡Mamá, tengo miedo!

¿A qué le tiene miedo un niño?

Uno de los grandes retos de los padres de familia en el hogar o de los maestros en la escuela es acompañar a los niños en el sano desarrollo de su inteligencia emocional. Se trata de un reto que no sólo requiere de conocimiento y experiencia, sino también del cuidado de que la propia historia emocional no contamine la relación y la comunicación con los pequeños.

En este sentido, el acompañar a los más jóvenes en su crecimiento requiere haber trabajado con las propias emociones y así tener la libertad de centrarse sanamente en las necesidades de quien acompañamos.

¿Qué es la inteligencia emocional?

Es el manejo consciente de las emociones. Para lograrlo, es fundamental partir de que las emociones son naturales y necesarias y que cada una de ellas tiene una función en la vida de cada persona. Existen emociones a las cuales les hemos asignado una identidad negativa como son el enojo, la vergüenza o el miedo.

Te invitamos a que le pierdas el miedo al miedo y sepas acompañar y enseñar a los más pequeños a que aprendan a manejarlo. Para ello, hay que tener en cuenta que el miedo es una respuesta natural en el proceso de vivir; una respuesta del organismo que nos invita a estar alerta ante lo desconocido. El ser humano, al independizarse gradualmente de la madre, se empieza a enfrentar a un mundo desconocido y en este sentido, el miedo lo mantiene alerta y expectante.

¿A qué le tiene miedo un niño?

En general, al mundo que le rodea. Desde el momento de nacer, al desprenderse de la seguridad que implica el vientre materno, el nuevo ambiente de vida que se empieza a descubrir. La luz, los ruidos, los aromas, los movimientos… Pueden ser reales o imaginarios.

Asimismo, conforme el niño crece, se presentan diversas situaciones que provocan miedo: la separación de los padres, los ambientes nuevos y las personas extrañas, el ingreso a la vida escolar, las exigencias sociales de convivencia, objetos, juguetes, miedo a la oscuridad, a los animales, etc.

¿Cómo ayudarlo?

El miedo natural va desapareciendo conforme el niño va comprendiendo el mundo que lo rodea. Se trata de un proceso natural en el cual padres y maestros deben de acompañar al niño validando los momentos de inquietud que vive, así como ofrecerle comprensión, aceptación, cariño y cuidado, lo que lo ayudará a concebir un entorno amigable y atractivo para convivir. El “apapacho” acompañado de diálogo sobre lo que atemoriza al niño según su edad, será el medio para que desarrolle seguridad personal y confianza.

No obstante en ocasiones, el miedo natural puede convertirse en un miedo enfermizo que se caracteriza por paralizar la vida de los niños; es decir, les impide actuar de forma natural de acuerdo a su edad y necesidades. De ahí la importancia de que tanto el padre de familia como el maestro observe las conductas que se “salen” del estilo personal y funcional del niño. Metodologías educativas que promuevan que los niños se sientan amados, seguros y capaces resultan vitales para evitar este tipo de sentimientos en los más pequeños.

Carlos Armando Ávila Cota.
Consultor Pedagógico de Amco, líder en investigación, desarrollo e implementación de metodologías educativas
www.amco.me

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