Malestares en el embarazo

Cada mujer es diferente.

Cada mujer experimentará cierto tipo de malestares en el embarazo. Sin embargo, existen algunas molestias comunes y generales que parecen afectar a una gran mayoría. A continuación reseñamos algunas de ellas y anotamos algunas explicaciones que pueden darte luz sobre sus causas.

Mareos matutinos.

La náusea puede aparecer en la mañana, con vómitos incluidos. A pesar de ser llamadas matutinas, en realidad pueden aparecer en cualquier momento del día, pero sobre todo cuando no has probado alimento. La sensación de náusea se puede experimentar con mayor intensidad durante el primer trimestre, después disminuye.

Una causal de esta molestia es la baja de azúcares en la sangre, con una irritación estomacal debida a la actividad hormonal. El comer bien podrá ayudarte a que te sientas mejor. Te recomendamos comer poco y muy a menudo, alimentos ricos en carbohidratos como el pan integral, las patatas, el arroz y los cereales; evita las fritangas y el café.

Procura tener siempre algunos dulces en tu bolsa, en la guantera del coche o en tu trabajo. Antes de acostarte por la noche, deja un vaso con agua y una galleta cerca de tu cama, para que la comas antes de levantarte, esto puede prevenir un mareo matutino.

Aléjate de fuentes de humo de cigarro o de otros aromas que puedan hacerte sentir náuseas. Bebe mucha agua, zumo de frutas o algún alimento ligero que consideres que no vomitarás.

Síndrome del túnel carpiano.

Es una presión que recae sobre el nervio mediano, el nervio de la muñeca que proporciona sensibilidad, provocando entumecimiento, hormigueo, debilidad o daño muscular en la mano y los dedos. Puedes llegar a sentir piquetes (como de alfiler) sobre todo en el pulgar e índice, con pérdida de sensibilidad y cierta debilidad. La presión está causada por la inflamación del túnel carpiano.

La fisioterapia será de utilidad en este caso. Una férula en la muñeca reducirá los síntomas. La acupuntura ha demostrado proporcionar alivio. De todos modos, procura dormir con el brazo encima de la almohada. Los síntomas desaparecerán después del nacimiento de tu bebé.

Dolores en la espalda.

Malestar general en la parte lumbar, con dolor en su parte baja, hasta las piernas. Suele ser una molestia que aparece cuando se está mucho tiempo de pie, se mantiene una mala postura o se experimenta cuando se levanta algo muy pesado. El dolor en la parte baja de la espalda se suele evidenciar cuando giras la columna y la pelvis en direcciones contrarias.

Durante el embarazo, los altos niveles de progesterona suelen ablandar los ligamentos de los huesos pélvicos, para que se dilaten y den paso al nacimiento del bebé. Sin embargo, el efecto es también relajar los ligamentos de la columna, sometiendo a una tensión adicional a las articulaciones.

En esta circunstancia, hacia la tercera semana, el bebé se apoya contra tu articulación sacroilíaca, y tus movimientos rotatorios cierran dicha articulación provocando dolor en pelvis y columna. Es de señalar que el bebé no corre ningún riesgo.

Un masaje puede ayudarte, además de hacer ejercicios para fortalecer tu columna vertebral. Utiliza un colchón de dureza adecuada y zapatos de tacón bajo, y levanta cosas de bajo peso con la espalda recta, apoyada en la fuerza de tus piernas. La osteopatía puede serte de gran ayuda, ésta es una práctica de tipo holístico. El tratamiento consiste en un sistema de técnicas orientadas a aliviar el dolor, restaurar funciones y promover la salud y el bienestar, de manera integral.

Los calambres.

Son un dolor repentino en el muslo, la pantorrilla o el pie, con una duración corta. Suelen ocurrir con mayor frecuencia durante el tercer trimestre. Ciertas investigaciones consideran que su existencia en esta etapa se debe a un mayor consumo de los microelementos, tales como calcio, potasio, fosfatos, manganeso y sodio. Se cree que la falta de la vitamina B también puede provocar las contracciones. También se les relaciona con la disminución de la glucosa (azúcar) en la sangre. En el embarazo la glucosa es la principal fuente energética para cubrir las necesidades no sólo de la mujer embarazada sino del bebé.

Un firme masaje en el área te ayudará; flexiona el pie y empuja el talón. Los calambres no afectan el sano desarrollo de tu bebé.

Acidez estomacal.

Muchas mujeres sufren de acidez estomacal por primera vez durante el embarazo, en especial en el segundo y tercer trimestre. Esto puede resultar incómodo y doloroso, aunque no denota algo grave. El reflujo gastroesofágico con frecuencia se conoce como “reflujo ácido”, “acidez o ardor estomacal”. La indigestión también es común durante el periodo de embarazo.

La acidez es una sensación de ardor detrás del esternón, y puede aparecer con regurgitación de ácidos. Lo anterior se debe a la relajación de una válvula muscular situada en la entrada del estómago, debido a la progesterona. El ácido del estómago sube al esófago, y provoca una sensación de ardor. En etapas de mayor avance el bebé presiona contra el estómago, provocando la acidez también.

En este caso deberás comer alimentos ligeros en pequeñas porciones, apóyate en almohadas para dormir levemente inclinada y bebe un vaso con leche en las noches para neutralizar el ácido. Es aceptado tomar antiácidos durante el embarazo, que deberán ser recetados por tu médico.

¿Estreñida?

Durante el embarazo este padecimiento es muy común en las futuras mamás. En el proceso de gestación, el cuerpo utiliza mecanismos naturales que van predisponiendo al cuerpo para el alumbramiento. En el estreñimiento, los intestinos se encuentran muy próximos al útero y sus movimientos podrían perjudicar el crecimiento del bebé, por lo que, como mecanismo natural de protección, durante el embarazo el peristaltismo intestinal se ve disminuido.

Tus deposiciones son secas y duras, dificultando la evacuación. Aquí, la progesterona hace su trabajo hormonal, teniendo como consecuencia un empeoramiento del vaciado intestinal, situación que acentúa el estreñimiento, con una absorción excesiva de agua en las heces que se hallan en el colon, resecándolas.

Como siempre, la recomendación es tomar mucha agua, comer fibra a través de las frutas y verduras, y hacer ejercicio. Una caminata con energía es sana durante unos veinte minutos. No tomes medicamentos ni laxantes.

La diarrea.

Es probable que aparezca de repente, así que prevente. En este caso una probable infección bacteriana o vírica puede ser la causante. Tomar dos litros de agua al día será sano para ti, esto compensará el líquido que estás perdiendo. Procura mantenerte relajada, y acude al médico para que te administre el tratamiento más adecuado.

El bebé corre un riesgo si te deshidratas y pierdes calorías. Si la afección es muy fuerte y prolongada, tendrás que hospitalizarte para ser alimentada vía intravenosa.

Las molestas hemorroides.

Muchas futuras mamás, en especial durante el tercer trimestre, desarrollan hemorroides -o “almorranas”-, que se agravan si existe estreñimiento.

Las molestas hemorroides son venas varicosas (venas hinchadas) que aparecen en el recto. Pueden salir del orificio anal, producir comezón o dolor y hasta podrían reventarse y sangrar. Se producen cuando las venas del recto se dilatan y agrandan al hacer fuerza o ejercer presión; hacer fuerza al mover el vientre; una presión por el exceso de peso; al estar sentada o de pie durante mucho tiempo.

Durante el embarazo, el útero en crecimiento aumenta la presión sobre las venas en la parte inferior del cuerpo, algo que puede producir hemorroides. Las hormonas también pueden ser las causales que coadyuvan que las paredes de las venas se aflojen, dilatándolas con más facilidad. Asimismo, la presión que ejerce el bebé sobre el recto puede impedir el riego sanguíneo, la sangre se estanca y las venas se hinchan.

Si tenías hemorroides antes del embarazo, tendrás más probabilidades de que te vuelvan a salir. Lo mejor será que comas mucha fibra para que los intestinos funcionen correctamente y puedas tener deposiciones blandas sin mucho esfuerzo.

Recuerda no levantar pesos, porque esto también incrementa la presión en el abdomen, afectando las venas rectales. No existe ninguna problemática que afecte al bebé.

Hipertensión.

La presión alta es consecuencia de una tensión arterial elevada que puede ser leve o grave, puede presentar síntomas o no percibirse. Los dolores de cabeza, problemas de visión y náuseas son muy comunes con este padecimiento. Puede existir retención de líquidos y la consecuente hinchazón de los pies, las manos y los tobillos. La hipertensión puede ser más intensa o aparecer al acercarse la fecha del parto.

Este problema suele ser más común en mamás primerizas con más de 35 años, y en aquéllas que tendrán más de un bebé. La observación de tu médico llevará un seguimiento de tu presión, porque su elevación indicaría la presencia de toxemia preeclámptica.

Si antes de tu embarazo tenías la tensión alta, es importante que se lo informes a tu médico. Observa tu peso e informa si sufres de dolores de cabeza y náuseas. Un análisis de orina y la búsqueda de hinchazones serán parte de la exploración en manos, cara y tobillos.

Las revisiones continuas son necesarias, ya que un incremento importante en su nivel implicaría hospitalización, donde será controlada.

La preeclampsia retrasa el crecimiento del bebé, porque se reduce el riego sanguíneo hacia el pequeño, quien puede sufrir falta de oxígeno. El bebé puede nacer con bajo peso. Una buena supervisión prenatal es necesaria para evitar alguna forma de peligro para ti o tu bebé.

El vértigo.

Es una sensación de mareo que puedes experimentar de manera repentina. No te levantes demasiado rápido y procura no estar mucho tiempo bajo el sol. Es el efecto de la falta de irrigación de sangre en el cerebro, a menudo causado por el estancamiento de sangre en las piernas y los pies, mientras se permanece demasiado tiempo de pie. Durante el embarazo, el útero también exige de mayor sangre, generando malestares.

Evita estar parada mucho tiempo, y toma asiento o recuéstate cuando te sientas mareada. No te levantes de golpe, ni salgas de la regadera de manera intempestiva. Mantén ventilado el lugar donde estés y, si te sientes mal, baja la cabeza hacia las rodillas, o sube los pies por encima de tu cabeza.

Las náuseas o el desfallecimiento no afectan al bebé, sin embargo, en caso de algún mareo habrá que evitar a toda costa caer sobre el estómago.

Hiperemesis gravidarum.

Es la forma grave de la náusea que puede generar deshidratación y desmineralización, algo perjudicial durante el embarazo en el bebé. Deberás acudir al médico de inmediato en caso de que aparezcan más de tres episodios de vómito diarios, a lo largo de tres días. En casos muy difíciles habrá que considerar la hospitalización, para recuperar los líquidos perdidos.

Dificultades para dormir.

El insomnio es la incapacidad para conciliar el sueño por las noches, provocando cansancio e irritabilidad en el día. A partir del nacimiento de tu bebé podría ocurrir de vez en cuando. Antes del nacimiento, el bebé vive noche y día y su metabolismo continúa sin parar.

Asimismo, el sudor nocturno, el calor del ambiente y el deseo de ir al baño durante las noches -algo que aumenta durante el tercer trimestre- son normalmente problemáticas que podrían no permitirte un sueño relajado.

Busca maneras de relajarte. Toma un baño de agua caliente, relájate. Leer un libro o ver algún programa televisivo, podría ayudarte a esperar el sueño. Procura estar cómoda y fresca. La toma de somníferos no está recomendada, a menos que tu médico lo indique, ya que puede afectar al bebé.

Cambios en el estado de ánimo.

Puedes experimentar cambios de humor rápidos y poco controlables por ti. El llanto, la ansiedad, parecieran algo inexplicables y suelen aparecer durante el tercer trimestre.

Dichos cambios se deben a cuestiones de tipo hormonal que, durante el embarazo, provocan un efecto depresivo en el sistema nervioso. Probablemente, existan diversos factores que disparen el problema, como tu sentir respecto de tus cambios físicos, sentimientos encontrados sobre la paternidad y el embarazo, entre otros.

Estos sentimientos, si bien son provocados por tus cambios hormonales, también debes de considerarlos como algo normal y como parte del proceso en cualquier embarazo. No hay necesidad de que te desgastes analizándolos, sólo habrá que comprender que son naturales.

Mucho líquido en tu cuerpo.

La retención de líquidos en los tejidos corporales es causa de hinchazón o edema, en especial en los pies, cara y manos. Procura no estar de pie mucho tiempo durante el día, y menos en días soleados.

La presión arterial elevada que suele aparecer durante el embarazo, puede forzar que los líquidos del riego sanguíneo se dirijan a los tejidos, provocando hinchazón blanda de una parte del cuerpo (edemas). Las hormonas pueden provocar una retención del sodio en los riñones, causando la retención de líquidos en tu cuerpo.

Evita la comida salada, mantén los pies arriba. Tu médico examinará las manos, tu cara y los tobillos, para descartar hinchazones. No utilices diuréticos. Tu bebé puede correr un riesgo importante relacionado con la preeclampsia.

Las várices.

La dilatación de las venas puede verse cerca de la superficie de la piel, mostrándose retorcidas, azules o moradas. Comúnmente aparecen en las piernas, aunque también pueden salir en la vulva o en cualquier otra parte (las hemorroides son várices en la zona rectal).

A muchas mamás les aparecen las várices por primera vez durante el embarazo o descubren que empeoran. Haz ejercicio todos los días. Una vuelta a la cuadra a paso rápido, puede mejorar tu circulación.

Es importante que te mantengas en el peso que tu médico te ha recomendado. Levanta los pies y piernas siempre que puedas. Usa una silla o una caja para descansar las piernas cuando estés sentada, y mantén los pies levantados sobre una almohada cuando estés acostada. No cruces las piernas o tobillos y no permanezcas sentada o parada por largos periodos de tiempo. Un masaje suave las previene, pero si ya han aparecido, lo mejor es no masajearlas. Usa pantimedias especiales.

Las várices suelen dar comezón o doler, y estéticamente pueden ser incómodas, pero por lo general son inofensivas a corto plazo. Cualquier tratamiento, realízatelo hasta después del embarazo.

Sensibilidad en los pechos.

Es probable que tus senos se vuelvan pesados e incómodos, además de que podrías sentir un cosquilleo en los pezones. Las hormonas hacen su trabajo y preparan tus senos para la lactancia. Los conductos mamarios se incrementan de tamaño y se llenan de leche.

Un buen sostén será de gran ayuda. Si tus senos son muy grandes te sugerimos llevarlo de noche también. Es necesario que los mantengas limpios, así que lávalos con un jabón suave y sécalos. La aplicación de algún aceite en los pezones reducirá el dolor que puedas experimentar.

Dolor en las costillas.

Es probable que percibas inflamación y sensibilidad en las costillas, que normalmente se manifiestan del lado derecho, debajo del pecho. Dicho dolor puede empeorar cuando te sientas, y reaparece en el tercer trimestre.

El motivo de este dolor es la presión que genera la elevación del útero en el abdomen. Asimismo, el bebé puede causarte algunas molestias adicionales en las costillas con su cabecita o, incluso, en movimientos bruscos de pies y brazos que pudiera realizar.

Para reducir las molestias, lo mejor que puedes hacer es portar ropa ligera, mejorar tu postura, y acostarte inclinada, sobre almohadas. Estas molestias desaparecerán cuando la cabeza del bebé quede hacia abajo, preparándose para el nacimiento.

La vaginitis.

Es una infección causada por hongos, en la que normalmente interviene un flujo vaginal espeso, blanco y duro. La sequedad y el picor estarán presentes alrededor de la vagina, la vulva, el perineo e, incluso, el ano. El dolor puede ser más intenso cuando orines.

Procura no utilizar ropa ajustada, principalmente pantalones, porque favorecen las infecciones. De preferencia que tu ropa interior sea de algodón en lugar de fibras artificiales.

Deberás acudir al médico para que te recomiende el tratamiento adecuado, que puede incluir cremas que habrás de aplicar alrededor de la vagina, el ano, y los muslos para aliviar el picor. Este padecimiento no afecta al bebé, pero si debes tratarte con el médico.

Aún no hay comentarios

Dejar tu comentario