Madre e hija

Tú, su modelo a seguir.
Generalmente, al pensar en la relación madre-hijo asumimos que será un círculo de amor, tristemente la realidad es que no siempre es así y hay madres que abandonan o maltratan a sus pequeños dejando constancia de su violencia. Sin embargo, también existe un tipo de agresión más sutil que se ejerce, inclusive, de manera inconsciente.

Tú, su modelo a seguir

¿Por qué referirnos la relación madre-hija? Si bien, aunque para los niños la figura materna es de primordial importancia, en el caso de las mujeres este binomio se hace complejo debido a que se involucran procesos de identificación, es decir, las niñas no sólo reciben protección de sus madres sino que también obtienen un modelo sobre el cual irán creando su propia identidad como personas, como mujeres y como todos los roles que se derivan: madre, esposa, amiga, hermana, profesionista, etc.

Por ello, es importante estar alerta de los mensajes que se les da a las pequeñas, estos son algunos de los patrones (dañinos) más comunes.

No serás diferente

Algunas veces, sucede que una madre como ser humano que es, con defectos y virtudes, se vincula con su hija bajo el dominio de sus miedos, frustraciones, decepciones y expectativas. Así que, por ejemplo, hay mujeres a las que les cuesta más trabajo tolerar el que sus hijas tengan gustos diferentes a los de ellas, también hay madres a las que les cuesta trabajo dar espacios e intimidad a sus hijas porque quieren saber qué hacen en todo momento, otras esperan que sus hijas reflejen ya sea en su físico o en sus logros intelectuales la “buena crianza” que les dieron, y llegan a considerar los fracasos de las niñas como propios.

Tú eres yo

Permitir que predomine el dolor narcisista de haber fallado, en lugar de asumir que quien está tomando las decisiones y se puede equivocar (y es perfectamente válido) es su hija es un camino que puede complicar mucho la relación madre-hija. Pues el papel de madre no implica que las hijas no tengan errores, sino el de estar ahí para apoyarlas y guiarlas mientras ellas lidian con las consecuencias.
También conlleva dar espacios para que su individualidad pueda expresarse; por ejemplo, si la madre es muy femenina y la hija comienza tiene gustos más masculinos, la madre puede trabajar en renunciar al “ideal” que tenía pensado para su hija y aceptar que los gustos de la niña son los que importan.
El darle peso a la opinión social suele dificultar que las madres permitan la libre expresión de la personalidad de sus hijas; a tal grado que pueden hacerse frecuentes los mensajes maternos agresivos que pueden llegar a convertirse, entre otras cosas, en trastornos alimenticios, como una estrategia (no sana, por supuesto) por parte de las chicas de no ingerir ni recibir nada. El dejar de comer se vuelve –internamente– una forma de control para no recibir agresiones.

Ama lo imperfecto

Exigir perfección es de los mensajes más agresivos que pueden existir porque no damos lugar a aceptar que los errores son humanos y que los errores tienen arreglo. Si bien es necesario poner límites y marcar lineamientos conforme a la ideología y las creencias de los padres, no se puede esperar que todos piensen igual. Las reglas deben dejar espacio para celebrar la espontaneidad y dejar ser a las personas.

Controlar la angustia de no ser una madre “inmejorable”, tolerar la desilusión (tema casi tabú) de que las hijas tampoco lo son y entender que podemos ser perfectas en nuestra imperfección, ayuda a respetar la forma de ser de las hijas, y les da un modelo materno firme pero suficientemente flexible. Lo cual ayuda a construir en las niñas una buena autoestima y a tener un modelo femenino tolerante y cariñoso, en lugar de uno crítico y prejuicioso frente a la diferencia.

Una madre ha de intentar ser consciente de sus propios miedos y expectativas, sacarlos a la luz y trabajar con ellos, para evitar que la controlen y sean los protagonistas de la relación con sus hijas.

En el vínculo madre-hija pueden involucrarse expectativas, miedos y comportamientos que definen no sólo el rol –de la niña– como hija sino también como mujer. Déjala marcada positivamente.

Psic. María Salamanca
Clínica de Asistencia de la Sociedad Psicoanalítica de México (SPM).
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