Los celos en los niños

Es importante tener en cuenta que los celos son un sentimiento natural.

Los celos son una respuesta emocional normal que todos los seres humanos experimentamos al sentirnos en riesgo de perder algo que consideramos nuestro: puede ser amor, atención, respeto, reconocimiento, etc. Es una sensación de frustración frente a la posibilidad de creer que no somos correspondidos emocionalmente por personas queridas e importantes para nosotros.

Desde niños debemos enfrentar situaciones que lo generan y el experimentarlo nos permitirá comprender una lección difícil pero crucial en la vida: que no podemos tener toda la atención, amor y tiempo de nuestros padres para nosotros y que debemos compartirlo con otras personas.

Si desde niños comprendemos esta lección, podremos salir bien librados de otras experiencias posteriores similares, por ejemplo: competir por un puesto en nuestro trabajo, tener una relación sana con nuestra pareja, tolerar la frustración de no ser el centro de atención en las reuniones o los grupos amistosos y, finalmente, no desarrollar una personalidad envidiosa o infantil.

Los niños sentirán celos generalmente con la llegada de un nuevo hermano, con el trato que los padres dan a otros niños (primos, amigos, etc.) e, incluso, con el trato que existen entre mamá y papá. Si son padres solteros, la llegada de una nueva pareja sentimental, también podría ocasionarlo. Ante estas situaciones será muy importante reconocer a tiempo conductas celosas, caracterizadas generalmente por cambios en su forma de ser:

Signos de tristeza: Llanto frecuente sin razón aparente, poca energía para hacer sus actividades, en ocasiones pueden llegar a verbalizar su sentimiento de no sentirse suficientemente queridos.
Humor cambiante: Pasa de la alegría al llanto o al enojo con rapidez por motivos que anteriormente no le molestaban.
Aparición de conductas regresivas: Hacerse pipi en la cama, hablar como bebé, buscar dormirse con los padres, pedir ayuda en actividades que ya dominaba, etc. Estas conductas son una forma de buscar más atención regresando a una edad en que se les atendía totalmente y en el caso de la llegada de un nuevo hermano, creen que ser bebé es la manera más eficaz de obtener tiempo, atención y cariño.
Alteraciones en sueño y hambre: Menos apetito o sueño. Negarse a comer o buscar ser alimentado con mayor frecuencia.
Conductas agresivas: Berrinches, enojo, brusquedad.
Aislamiento en casa: Negativa a pasar tiempo con la familia o a hacer actividades en conjunto.
Es labor de los padres identificar si su hijo siente celos, pues para él será una emoción nueva e incomprensible que genera sufrimiento. En ocasiones los niños logran decir que se sienten menos queridos o en desventaja, pero mientras más pequeños sean, más difícil será para ellos esta experiencia, por lo tanto, requerirán de más apoyo y compañía.

La forma en que los padres respondan a este sentimiento en sus hijos, será fundamental para el desenlace de esta situación. Lo siguiente ayuda y permite un desarrollo adecuado de tus hijos:

Permitir que sientan celos. No prohibir este sentimiento (ni ningún otro) asegurando siempre el amor que sienten por ellos:
“Entiendo que sea feo compartir tu habitación con tu hermano, pero los dos son muy importantes para nosotros y queremos que tengan lo mejor” en vez de: “No deberías sentir eso, los celos son algo malo y tu hermano es el pequeño, debemos cuidarlo”

No interrumpir la rutina que existía antes de la llegada de un hermano, hacer las mismas actividades como jugar con ellos por las tardes, bañarlos o llevarlos al parque el fin de semana. Cambiar sus actividades o disminuir el tiempo que se les dedicaba favorece el sentimiento de pérdida.
Explicarles lo más detallado posible cuál es su lugar en la familia y que la llegada o la participación de un nuevo miembro no implica la pérdida del amor que se tiene hacia ellos:

“Vamos a ir al cine con Juan, sé que antes íbamos sólo tú y yo, pero él quiere conocerte porque eres muy importante para mí. Él es mi novio y eso quiere decir que en ocasiones estará con nosotros, pero tú a mí me tendrás siempre” en lugar de decir: “Juan es un amigo y estará con nosotros de ahora en adelante”

Prepararlos ante un cambio. Si llega un hermano o una nueva pareja sentimental, debemos explicarle con suficiente tiempo lo que sucederá, con la mayor cantidad de detalles posible de acuerdo a su edad y su nivel de comprensión.
Hacerlos partícipes del cambio. Pedirles que ayuden con el cuidado del nuevo bebé, que le platiquen a la nueva pareja de mamá/papá qué hacen los fines de semana, etcétera.
No hacer comparaciones entre hermanos, ni explícitas, ni en broma, ni como ejemplo de lo que los padres esperan. Cada niño es diferente y lo único que genera es competencia poco sana.
En suma, brindarles compañía, cariño, escucha y comprensión, favorecerá que los niños atraviesen por este sentimiento de forma segura. Hacerlos sentir seguros del cariño que les tenemos, incondicional a las personas o las situaciones, permitirá que desarrollen una autoestima firme que evite sentimientos de inferioridad o inseguridad frente a otras personas.

El paso problemático por este sentimiento durante la niñez generará en el adulto dificultad para comprender que nuestros seres queridos pueden prestar atención a amigos, trabajo o familia sin sentir que nos dejan de querer o valorar. En la etapa adulta, las conductas infantiles como desvalimiento, búsqueda de aprobación constante, inseguridad y envidia constante son secuelas de esta etapa mal librada.

Finalmente, un punto importante será considerar el grado de celos. Se debe considerar si es pasajero y no genera grandes cambios en la personalidad del niño (o el adulto) o si es algo que provoca dificultades importantes en su relación con la familia o su desenvolvimiento social. En este último caso será importante la búsqueda de un profesional en salud mental que ayude a afrontar la crisis y prevenir consecuencias.

Psic. Miriam Hernández Soler
Clínica de Asistencia de la Sociedad Psicoanalítica de México (SPM).
www.spm.org.mx

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