La importancia de los abrazos

Relación madre e hijo.

El psicoanálisis, dedicado al entendimiento y a la comprensión del ser humano, ha tenido que adentrarse en la difícil pero fascinante tarea de estudiar el desarrollo humano, desde el vientre materno hasta la edad adulta.

Uno de los puntos más importantes a estudiar se refiere a la estrecha y particular relación madre e hijo que se establece desde que el ser se está formando dentro del cuerpo de su madre, en una total dependencia.

Al nacer, a diferencia de otras especies animales, el ser humano, inmaduro fisiológicamente, sigue dependiendo casi en su totalidad de su madre, motivo por el cual los cuidados y la forma en que ésta realice su función materna serán decisivos para el adecuado desarrollo de la personalidad del niño.

Existe un estado, llamado “preocupación maternal primaria “, en el que las madres adquieren la capacidad de “ponerse en el lugar del bebé “, por así decirlo.

Desarrollan una capacidad para identificarse con él, lo cual les permite satisfacer las necesidades básicas.

Pero no olvidemos que existen otro tipo de necesidades igual de importantes que las fisiológicas: las necesidades afectivas.

La estimulación física es sumamente necesaria para nuestro bienestar emocional y el abrazo es tanto para quien lo da como para quien lo recibe, un estímulo emocional que generalmente, nos hace sentir bien.

Así, un bebé necesita para su adecuado desarrollo psicológico el abrazo humano y el contacto corporal; siendo de su madre el primer abrazo que recibe justo después de nacer, cuando lo mira y amamanta.

Abrazar es una conducta humana, natural e instintiva, y es siempre una agradable demostración de afecto.

Por definición, abrazar significa comprender, contener e incluir, y esto es lo que comunicamos cuando abrazamos a nuestros hijos o a cualquier persona.

Con los abrazos los niños pueden satisfacer esas necesidades afectivas primarias de enorme importancia como la de contención y vinculación, ya que se ha demostrado que el niño que es abrazado constantemente aprende a sentirse seguro y acogido por los seres humanos, crecen independientes y desarrollan la capacidad de amarse y amar a sus semejantes.

El abrazo también sirve de contención a los hijos.

Los niños pequeños no han aprendido aún a reconocer y manejar sus sentimientos, como el enojo.

Con un abrazo de sus padres, los niños pueden siempre recuperar ese equilibrio interno que, en ocasiones, sienten haber perdido cuando se viven desbordados por sus afectos.

Por ejemplo, abrazarlos cuando hacen un berrinche es ayudarlos a contener la agresión, hacerles sentir que no están solos para que después expresen el sentimiento.

Para que el abrazo sea eficaz es importante que el niño sienta al progenitor que lo abraza seguro y decidido de lo que está haciendo, pues así el niño encuentra a un padre más grande y fuerte que él mismo, pero también maduro y seguro, alguien en quien puede “recargarse “.

Es por todo esto que debemos rescatar las expresiones de cariño y afecto, entre ellas el abrazo que, a veces, pareciera se han convertido en algo ajeno para el ser humano.

Debemos estar dispuestos a dejarnos contener por el otro y a recibir lo que su ser nos proporciona: confianza, seguridad, fortaleza, protección y pertenencia.

Psic. Adriana Aguilera Grovas
Miembro de la SOCIEDAD PSICOANALÍTICA DE MÉXICO (SPM)
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