La culpa y las mamás que trabajan

Mantén un equilibrio entre tu trabajo, tu bebe y tú.

La culpa es una vieja compañera de las mamás de hoy. Por “omisión” es una variedad que ataca, sobre todo, a las mamás que tienen que salir a trabajar fuera de casa.

Por un lado quieren estar con su bebé todo el tiempo, mimarlo, darle de comer y no tener presiones para “disfrutar su maternidad”; sin embargo, al mismo tiempo sienten que la maternidad es una especie de yugo que las tendrá atadas de por vida y que nunca más volverán a ponerse un lindo vestido para salir a cenar despreocupadas.

Se establece entonces una lucha interna, una serie de conflictos por querer ser la “mamá de los cuentos” y “la mujer ejecutiva de las películas”. Al final, no es ni la una ni la otra y sienten que todo les sale mal.

Ellas quieren arreglar los líos de casa cuando están en la oficina y los de la oficina cuando están en casa; sintiéndose siempre angustiadas y presionadas.

Por si esto fuera poco, a los niños no les gusta que sus mamas trabajen y no falta el esposo que reclama porque falta a sus “deberes” en el hogar.

Las mamás que han trabajado siempre fuera de casa tienen a sus hijos acostumbrados, aunque no conformes; sin embargo, hay muchas otras que tienen que salir a buscar trabajo por primera vez, al tiempo que viven fuertes crisis de pareja o cuando se acaban de divorciar. Los hijos viven entonces un doble “abandono” y las madres una “doble culpa.”

Jimena, de ocho años, bajó significativamente sus calificaciones cuando su mamá dejó de estar con ella para estudiar. La habían promovido y su turno de trabajo se amplió para las tardes. La crisis familiar no se dejó esperar porque la angustiada madre intentó continuar con su labor de “mamá de tiempo completo”, simultáneamente con su nuevo nombramiento, y ejercía “control telefónico” desde la oficina con el nefasto resultado de presionarse, no obtener resultados y descuidar significativamente su trabajo en ambos lados.

Miles de mujeres llegan a sus trabajos después de haber hecho desayunos, peinado niños y limpiado por encima una cocina llena de platos sucios. Regresan después de un pesado día de labor a revisar las tareas, que por lo regular ni siquiera están hechas, pues el niño espera con ansia que llegue mamá a resolverle dudas o simplemente a “empujarlo” para cumplir con sus deberes.

Cansadas del trabajo, tienen que hacerse cargo del “otro trabajo” que la naturaleza, la vida y la cultura le confirió sin paga y con la más alta exigencia: el trabajo de ser mamás.

Por si todo lo anterior fuera poco, la mamá se enfrenta a un alto grado de exigencia por parte de todos aquellos que la rodean. El jefe exige su tiempo completo y el máximo rendimiento, sin importarle si el bebé la desveló anoche por las pesadillas, o si lo dejó enfermo al cuidado de la abuela o la vecina.

El marido pide su cenita caliente a la esposa, aunque ambos hayan llegado al mismo tiempo de trabajar. La sociedad en general le echa en cara el tiempo que deja solos a los niños, aunque sea para trabajar, porque en nuestra cultura seguimos reforzando los papeles tradicionales. Las mujeres hemos estado “programadas” por generaciones y nos cuesta mucho trabajo la “reprogramación”.

Todavía en nuestros días, si un papá tiene que viajar por su trabajo y deja de ver a sus hijos una semana, es visto como un hombre trabajador y responsable al que los hijos y la esposa deben comprender y agradecer; sin embargo, si lo mismo ocurre a la madre, resulta ser, ante los ojos de los demás y ante su más interno yo, una mujer culpable por “dejar abandonados a sus hijos”.

Esta nueva mujer, que está cambiando, debe ocuparse de promover el cambio en su familia, para sentirse menos presionada y las tareas de casa deben empezar a repartirse.

Es importante reflexionar sobre el hecho de que muchas madres no “sueltan” algunas de sus obligaciones a los papás, por considerarlos ineficientes o por no perder ese papel protagónico que siempre han tenido y que, aunque resulta cansado físicamente; es muy gratificante a nivel emocional.

Los niños perciben nuestra preocupación y nuestra culpa y la manejan en su beneficio. Nos hacen sentir todavía peor para después compensarles con regalos o permisos, que “paguen” el tiempo que no pasamos con ellos.

Si eres una mamá que sale a trabajar debes recordar seis cosas importantes:

1.-Si trabajas para tus hijos les estás dedicando ese tiempo y ellos deben saberlo y valorarlo sin importar la edad que tengan.

Si bien hay funciones en las que eres insustituible como el hecho de educar, formar y dar amor, hay otras funciones que tienes que delegar a otra persona o bien dejar de realizar, sin que por ello faltes a tus deberes básicos de madre.

Muchas veces, el trabajo fuera de casa te obliga a hacer hijos autosuficientes, a pesar de que la tendencia natural de las madres es la de “barrerles el camino a los hijos”, evitarles el mayor numero de sufrimientos y con ello retrasar el camino hacia su madurez.

El niño que por las circunstancias tiene que resolver problemas por sí mismo, logra madurar antes e impide que se vuelva “adicto a la atención de su mamá”.

2.-Divide tus campos de acción y no pretendas estar en ambos lados al mismo tiempo.

Si estás en tu oficina dedícate a tu trabajo, termina tus pendientes y disfruta de tu cafecito en el descanso. Asume tu papel de secretaria, empleada, jefa o profesionista, y desarróllalo con plenitud para que te enriquezca y te satisfaga; pero si estás en tu casa adopta tu papel de madre. Disfruta de unas buenas pantuflas y tus pantalones viejos para limpiar la casa o cocinar o bien, para jugar con tus hijos y saber lo que les preocupa, les interesa o los divierte.

No inviertas tus diferentes facetas de tal manera que nunca estés en el lugar que deseas o que necesitas.

3.-Aprovecha tu tiempo en casa para una convivencia plena.

No te pongas tú misma en situación de fracaso, llegando del trabajo a pelear por todo lo que no se hizo en tu ausencia. Mejor ofrece tiempo de calidad a cambio recoger los juguetes. Si llegas a casa como policía tu cansancio favorecerá que seas implacable y después te sentirías muy mal por dedicar el poco tiempo que tienes con tus hijos para pelear con ellos.

Rocío organizó un torneo de “boliche” con sus hijos al llegar del trabajo. Cuando me lo platicó pensé que se necesitaba un especial humor para llegar del trabajo a sentarse a jugar, cuando ni siquiera los niños se habían bañado y había que preparar la cena y ordenarlo todo. “Solo les canjeo mi tiempo” –me explicó–, “Si cuando yo llegó a casa ellos han adelantado en sus deberes entonces nos queda tiempo para parar seis pinos y tirar una pelota”. Lógicamente a los niños les convenía apurarse para que la llegada de su mamá significara el principio de la diversión, no de persecución. Por otra parte, Rocío sabía que una vez que entrara por la puerta de casa debía estar dedicada a sus pequeños; pero prefería que fuera un momento agradable, y por ello no sentía que el jugar significara desperdiciar el tiempo.

“Es más fácil y divertido estar de humor para jugar que para pelear”. Es asombroso cómo existen muchas mamás que disponen de todas sus tardes y nunca encuentran el tiempo del que disponía Rocío para un partido de boliche, que generalmente se acompañaba de risas y apapachos.

4.-Explícale a tus hijos la importancia de tu trabajo.

Has que ellos valoren tu trabajo, que sepan que gracias a eso se paga su colegiatura y pueden estrenar zapatos. Explícales que el tiempo que dedicas al trabajo es tiempo dedicado a ellos mismos en forma indirecta, pero no por eso menos valiosa.

Cualquier trabajo que realices, por sencillo o humilde que parezca es motivo de orgullo si se hace con profesionalismo y amor, y la mejor manera de que tus hijos lo sepan es con tu ejemplo diario.

No permitas que te chantajeen o que justifiquen sus fallas por el hecho de que tú no estás con ellos; recuerda que la meta de una madre es hacer hombres y mujeres independientes y responsables.

5.-Establece rutinas de convivencia.

Procura comer o cenar en familia por muy cansada que estés o por mucho trabajo que tengas. Haz que ciertos momentos en casa sean sagrados y solo una emergencia podría hacer que se suspendan, porque para una madre trabajadora estos momentos significan “dosis concentradas de labor maternal”. Para los niños más pequeños elige conductas de cuidado, es decir, dales de comer, báñalos o cámbiales el pañal.

Leer un cuento antes de dormir, ver con los niños un programa especial en la televisión, dedicar el sábado por la mañana a una actividad establecida y gratificante y, por favor, apaga el celular.

6.-Vuelve productiva a la culpa.

Muchas veces se te prende un “foco rojo” que dice: “Ya se me pasó la mano”, “he descuidado a los niños”. Cuando esto te suceda debes hacerle caso a ese foco rojo y siéntate con ellos a jugar aunque estés muy cansada. Verás que luego descansarás mejor.

Hoy hay nuevos estilos de ser mamá. Uno de ellos es ser una madre productiva para tu familia y tu sociedad. Vívelo sin culpa, como un maravilloso ejemplo para tus hijos.

Psic. Julia Borbolla

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