Hijos únicos

La creencia popular indica que los hijos únicos crecen de manera solitaria.

Desde hace mucho tiempo se discute acerca de si existen o no repercusiones psicológicas, emocionales o sociales para un hijo que crece sin hermanos. La creencia popular indica que los hijos únicos crecen de manera solitaria, sobreprotegidos y consentidos; se piensa que todo eso provoca que se conviertan en personas egoístas y reservadas. Asimismo, suele asociarse a los hijos únicos con niños berrinchudos, presumidos y que sufren de “mamitis” toda la vida.

Sin embargo, la dificultad que tiene criar a un hijo único se debe, principalmente, a lo complicado que es educar a cualquier hijo; es decir, de lo difícil que es ser unos buenos padres. El que nuestro hijo no tenga más hermanos sólo describe una característica más dentro de las muchas que pueden influir en su desarrollo. Por ejemplo, no será igual un niño que crece en una familia rural de China, que uno que se desarrolla en la Ciudad de México; en cualquier caso, no significa que un niño sea mejor que el otro, sencillamente se facilita el desarrollo de cualidades distintas en cada uno de ellos, dependiendo de su entorno.

No basta que un niño sea hijo único para que sea egoísta, ni es suficiente que tenga hermanos para que aprenda a compartir; lo importante es el papel que los padres juegan para generar un entorno que favorezca el que su hijo aprenda a convivir con los demás, o desarrolle cualquier otra habilidad que sea deseable. Si un hijo único puede convivir con otros niños de su misma edad (primos, vecinos, amigos escolares), y sus padres le brindan libertad y apoyo, seguramente aprenderá a convivir desde una edad temprana, y sabrá que puede buscar a personas, independientemente de sus padres, para sentirse apoyado.

Un aspecto muy importante a considerar por parte de los papás que han decidido tener un único hijo es que tienen solamente una personita en quien depositar todas sus esperanzas, deseos, anhelos e inclusive frustraciones. Ésta puede llegar a ser una gran carga para el niño, y los padres no siempre somos conscientes de ello, pues lo hacemos con las mejores intenciones. Desear que nuestro hijo sea el mejor deportista, el más refinado pintor, o el más ambicioso empresario no es malo, pero si ponemos todas estas esperanzas en un solo niño, posiblemente a éste le resulte imposible satisfacerlas todas.

Por lo tanto, para educar a un hijo único es importante recordar lo siguiente:

Tener un hijo único es tan natural como tener varios, no debemos intentar compensar al niño porque está “solito”.
Hay que tener cuidado con lo que esperamos de nuestro hijo/a. Hablarlo con alguien ayuda a identificar expectativas poco realistas.
Facilitar la convivencia de nuestro hijo con otros niños favorece que desarrolle habilidades sociales.
Apóyalo en lo que emprenda, pero procuremos no resolverle todo conflicto que resulte de estas experiencias.
No existe ni la mamá perfecta, ni el hijo perfecto. Una buena madre sabe reconocerlo y puede buscar ayuda cuando las cosas marchan mal.

Psic. Alejandro Silva
Miembro de la SOCIEDAD PSICOANALÍTICA DE MÉXICO (SPM)
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