Formación de ninos competentes

Inteligencias múltiples y enfoque educativo.

Actualmente, una de las grandes tareas de los padres de familia y, también, de los profesores es formar niños competentes. La cuestión es ¿cómo lograrlo?, la respuesta es sencilla: educándolos de manera integral; en otras palabras, potenciando sus inteligencias múltiples, su inteligencia emocional y su autoestima, entre otros aspectos.

Inteligencias múltiples y enfoque educativo

Toma en cuenta que todos los niños tienen un gran potencial que debe explotarse para llegar a ser competentes en la vida. Esto es posible si se considera que cada niño tiene más de un tipo de inteligencia que debe desarrollar.

Hoy en día se habla cada vez más acerca de las inteligencias múltiples; es decir, algunos niños son hábiles, por ejemplo, para las matemáticas, para las artes o los deportes.

Cuando se habla de la formación de niños competentes, es esencial considerar el enfoque educativo que se promueve tanto en escuelas públicas o privadas. Es cierto que la educación comienza en casa, pero también es verdad que las escuelas se convierten en el lugar donde el niño pasa gran parte del día. Por eso es importante que los padres elijan la mejor escuela para sus hijos. Hay escuelas que promueven el aprendizaje significativo; en otras palabras, hacen que el alumno pueda integrar lo aprendido en el aula con sus conocimientos escolares previos y los de la vida cotidiana, de manera que el salón de clases se convierte en un laboratorio de la vida donde se enseña a ser competente. En este sentido, lo ideal es que, aunado a los contenidos temáticos, en la escuela se haga énfasis en la formación del alumno como persona, en cuanto a sus necesidades tanto emocionales como intelectuales. Un niño será competente cuando se sienta seguro y esa seguridad ayuda, incluso, a tener una buena autoestima.

Inteligencia emocional y la diferencia entre competente y competidor

Para que un niño sea competente debe existir un equilibrio entre su coeficiente intelectual y su coeficiente emocional, es decir, tener un equilibro entre la razón y la emoción para que el niño pueda enfrentarse a los problemas y retos de la vida.

Al hablar de competencia, en muchas ocasiones puede haber una confusión entre un niño competente y un niño competidor. Sin embargo, es importante diferenciar que un niño competidor es aquel que está en un grupo donde se persigue una meta específica, y hace todo lo posible por ganar, mientras que un niño competente es aquel que está desarrollando todo su potencial, está aprendiendo y puede resolver las situaciones que le presenta la vida en todos los ámbitos, no solamente en el académico. Una diferencia sustancial entre ambos niños es que los niños competidores no saben perder; en cambio, un niño competente cuando pierde, lo admite, porque ha desarrollado su inteligencia emocional y tiene un nivel de tolerancia a la frustración aceptable; para él siempre hay una forma de ganar, pues gana cuando da lo mejor de sí, independientemente de los resultados en relación a otros niños.

Pero, ¿cómo se enseña a un niño a ser inteligente emocionalmente? El desarrollo de la inteligencia emocional, en gran medida, depende de la observación del niño en cuanto al comportamiento de los adultos, de los padres, los hermanos mayores, los abuelos, y también de los maestros en la escuela. El niño nace con un temperamento, pero el carácter se moldea, y es en este punto donde intervienen los padres, quienes deben orientarlos, establecerles límites, enseñarles a canalizar sus emociones, y explicarles que no siempre se obtiene lo que se quiere, además de enseñarles a tolerar la frustración cuando no se logren los resultados deseados y mostrarles otros caminos.

Carlos Armando Ávila Cota
Consultor Educativo de Amco
www.amco.me

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