Fobias infantiles

Temor que paraliza.

Existen emociones básicas humanas presentes en todas las latitudes geográficas del orbe y en todos los tiempos de nuestra existencia humana:

  • la alegría
  • la tristeza
  • la rabia
  • el disgusto
  • el miedo

El miedo está presente en nuestra evolución humana como un mecanismo que asegura la supervivencia de nuestra especie; del mismo modo como ocurre con otras especies.

El ser humano evita, huye de una situación que lo atemoriza porque lo daña y le infringe sufrimiento. Por lo tanto, el miedo como mecanismo evolutivo de sobrevivencia nos es muy natural, y todos alguna vez en nuestras vidas lo hemos experimentado muy vivamente.

¿Pero qué es realmente una fobia?

Es un padecimiento más grande que una simple ansiedad o temor. Es decir, la experiencia del miedo sin peligro eminente. Es una reacción frente a un acontecimiento que se ve venir, y que comienza a desencadenarse a nuestros ojos.

La fobia es un tipo de ansiedad que se experimenta exclusivamente en circunstancias muy precisas (en determinados lugares o ante determinados objetos, situaciones, etc.), que la persona busca evitar a toda costa. La persona fóbica deja de vivir, encerrada en una jaula imaginaria asfixiante, que la acosa sin descanso y el niño fóbico aprende a vivir la ansiedad como una realidad constante en su vida, que lo paraliza.

Hacer sentir al niño como un ser frágil y enfermizo (susceptible a la sobreprotección), y el evitarle aprender a estar tranquilamente en soledad, le deja dos tipos de aprendizaje:

  • Un aprendizaje equivocado de las emociones (afectando sus pensamientos)
  • El impedimento de la soledad.

Entre las fobias infantiles más comunes están: el miedo a la obscuridad, el asistir a la escuela, el quedarse solos, al encerramiento (ej: cuando los padres utilizan la técnica del llamado “tiempo fuera” inadecuadamente, encerrando al niño en un espacio “tenebroso”), etc.

Recordemos que la fobia no es un simple miedo, es más bien una emoción de terror que paraliza a la persona, impulsándole a hacer todo lo posible por evitarla.

Otros tipos de fobias son: la zoofobia (miedo a los animales), la dromofobia (miedo a viajar en los medios de transporte), la acrofobia (miedo a las alturas y al vacío), la astrofobia (miedo a las tormentas, truenos y rayos), etc.

Los niños expresan sus fobias con berrinches, llanto, inhibición o abrazos.

Su semblante refleja malestar, pueden expresar miedo a morir, pueden presentar desmayos, ráfagas de calor o escalofríos, opresión en el pecho, dificultades para respirar, sudoración, hiperventilación, temblores, micciones frecuentes (orinan con frecuencia), diarrea, interrupción de la actividad que realizan y huida del lugar o de la situación amenazante, y rara vez actos incontrolados o peligrosos, etc.

El tratamiento de las fobias infantiles requiere conocer a gran detalle el tipo de apego parental que el pequeño vive con sus padres. En algunos casos se recurre a la medicación en manos del paidopsiquiatra, al mismo tiempo que el niño asiste a la terapia psicológica.

La terapia de juego favorece un ambiente terapéutico en el que el niño aprende a conocer, expresar y manejar sus emociones de una forma más sana.

Es necesario que los padres sepan que ellos pueden ayudar al pequeño a superar sus fobias, pero siempre que ellos mismos revisen y modifiquen sus estilos de apego emocional-afectivo hacia sus hijos, adoptando y ensayando consistentemente un tipo de apego sano con ellos (lo que indudablemente los llevará a investigar por su cuenta y a informarse con profesionales competentes).

Por último, es menester señalar que en todo tratamiento, siempre se presentan episodios de recaídas; ante esta realidad inevitable, el padre y la madre atentos, sabrán identificar qué desencadena la regresión del niño(a).

Pedagoga María de los Ángeles Ortiz
Psicología y Educación Integral A.C. (PEI A.C.)
www.peiac.org
Tel: 4632-7889

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