Es hora de bañar a tu bebé

Quizá se sientan nerviosos

Una de las primeras preocupaciones de toda mamá y papá primerizos, es el momento de bañar a su bebé.

Te puede resultar difícil las primeras veces, ya que tu bebé está resbaladizo, inquieto y llorón.

Quizá se sientan nerviosos, y lleguen a su mente las preguntas básicas: cómo, cuándo y en dónde. Sin embargo, es cuestión de adquirir práctica y pronto se convertirán en expertos, acostumbrándose y aprendiendo a disfrutar estos momentos con su bebé.

Tu bebé debe recibir su primer baño al otro día de la caída del cordón umbilical, más o menos al séptimo día o, a veces, hasta la primera quincena después de nacido, más o menos.

La frecuencia del baño depende de la edad. No es necesario bañarlo a diario, porque un recién nacido no se ensucia, únicamente cuando defeca o regurgita, y probablemente solo sea necesario bañarlo dos o tres veces a la semana.

Puedes bañarlo cualquier día de la semana, siempre y cuando la temperatura del lugar sea la más adecuada, y la hora más o menos la misma. Conforme tu bebé crezca, necesitará de su baño con mayor frecuencia, sobre todo cuando haya empezado a gatear y a recibir sus primeros alimentos.

Cuando empiece a caminar, el baño deberá repetirse cada noche, para que quede limpio y relajado antes de dormir. Comprueba siempre con el codo o con el interior de la muñeca, la temperatura del agua, para certificar que no esté demasiado caliente para tu bebé.

Antes de iniciar

La habitación donde decidas bañarlo deberá tener una temperatura de veinte grados centígrados, procurando no dejar desnudo a tu bebé mucho tiempo. La bañera deberá estar a una altura adecuada que te permita maniobrar, pero debe ofrecer seguridad y comodidad.

Colócate un delantal impermeable y una toalla atada en la cintura para poder secar a tu chiquito en el regazo.

Checa que todo lo que necesites esté a la mano y no dejes de comprobar la temperatura del agua, mientras tu bebé esté en la bañera. Vierte algo de gel para baño de bebés en el agua, para que te sea más fácil la limpieza, en vez de utilizar jabón.

Al mismo tiempo, sonreír y platicar con él siempre será la mejor manera de establecer lazos de amor que beneficien a los dos.

¡A bañarse! Desnuda a tu bebé, déjalo con su camiseta y pañal. Antes de comenzar el rito del baño, limpia sus ojos y cara con un trozo de algodón humedecido.

Al terminar, desnúdalo por completo y envuélvelo con una toalla limpia, es hora de comenzar.

La cabeza primero. Sostén a tu bebé por encima de la bañera, con su cuerpo sobre tu brazo y mano, la cual detiene también la cabecita. Con la otra mano lava su cabeza con cuidado, utilizando el agua de la bañera; enseguida seca su pelo suavemente.
Sumérgelo en la bañera. Con tu antebrazo sostenlo de hombros y cuello, colocando la mano debajo del hombro más alejado a ti, apoya las nalgas en la otra mano.
El baño. Colócalo en la posición inclinada o semierguida, y suavemente derrama agua sobre de él con la otra mano. No dejes de hablarle y sonreírle; platica con él. Cuando termines, sácalo de la bañera colocando la mano que te queda libre bajo su trasero, y envuélvelo delicadamente con la toalla.
Es hora de secar y empolvar. Aplica golpes delicados con una toalla. Seca los pliegues de la piel y ponle talco, excepto en la zona genital, ya que al mojarse se endurece.

El cordón umbilical en el baño

Los restos del cordón umbilical se secan y se desprenden después de una semana del nacimiento. Hay que lavar esta zona diariamente para evitar infecciones.

Frota con mucho cuidado la piel que rodea el ombligo de tu bebé, utilizando una gasa quirúrgica que contenga alcohol puro. Una vez que se ha caído el cordón, deberás continuar su limpieza de la misma manera, para que cicatrice.

La presencia de secreciones y rojeces te avisan que deberás acudir al médico.

Las infecciones se evitan manteniendo la zona seca después del baño. Es recomendable dejarla al aire tan a menudo como te sea posible, con el fin de prevenir cualquier infección.

Recuerda: El cordón umbilical es una parte residual que queda después del parto, adherida al ombligo de tu bebé.

En el momento del corte, inmediatamente después del nacimiento, presenta un color blanquecino y, conforme pasa el tiempo, se deshidrata oscureciéndose cada vez más. Después de una semana más o menos, se desprende de manera natural.

Se debe mantener limpio y seco. Después del baño hay que secarlo.
Mientras no se haya caído es necesario doblar el pañal para que no cubra el ombligo, evitando que se moje con la orina del pañal, al tiempo que le permite tener contacto con el aire.
Cuando esté por caer, su base se humedecerá y se observará una leve secreción que habrás de limpiar con un hisopo mojado con un poco de antiséptico (alcohol al 73%). El cordón caerá y habrá que limpiar la zona unos tres días después, de la misma manera.
Pon especial atención si la piel enrojece, segrega líquido verdoso, sangre o tiene mal olor. En este caso, habrá que ir al pediatra.

La forma rápida de limpiarlo

Una forma rápida de limpiar a tu bebé es utilizar trozos de algodón hidrófilo empapados con agua tibia (ya hervida), aunque también existen en el mercado diversos productos para la limpieza de tu pequeño sin bañarlo.

Comienza por limpiar cara, cuello, manos y nalgas, sin desnudarlo por completo. Con trozos de algodón distintos a los anteriores, limpia los ojos con un movimiento de adentro hacia afuera. No olvides lavar la cara, la barbilla, detrás de las orejas y alrededor del cuello, incluyendo los pliegues, para eliminar cualquier resto de leche.

Al final, sécalo delicadamente con una toallita suave.

Para limpiar el trasero desnuda a tu bebé de la cintura para abajo y quítale el pañal. Comienza en la zona genital con un algodón nuevo cada vez, frotando. De paso, frota las ingles en dirección descendente.

Lava sus manos con un nuevo trozo de algodón hidrófilo, limpiando por dentro y por fuera, incluyendo la zona entre los dedos. Incluye los brazos en la limpieza y, finalmente, seca con la toalla suave.

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