El temperamento se hereda

El temperamento es esa parte instintiva en que tu bebé reacciona.

Cuando nace un bebé, toda la familia le busca parecidos: “Tiene los ojos del papá”, la barba del abuelo paterno y el color de pelo como la abuela materna”. Cuando en realidad el pobre chiquito está todavía hinchado y peludo. Algún pariente puede mencionar: “Llora fuerte, sacó los pulmones de su tío el tenor”. Pocos imaginan que en ese pequeño cuerpecito viene una herencia más clara, que se hará evidente muy pronto: El temperamento de alguno de sus padres.

Sí, el temperamento se hereda y se debe a procesos fisiológicos del sistema linfático, así como a la acción endócrina de ciertas hormonas.

El temperamento es esa parte instintiva que hace que tu bebé reaccione de una u otra manera, es aquella forma de “querer brusco” o “querer suavecito” que nadie aparentemente le enseñó al niño y que se parece mucho a alguien de la familia.

Tiene mucho que ver con la habilidad para adaptarse, el estado de ánimo, es decir, ser “intenso” o “relajado”, ser “acelerado” o “pasivo”, porque se relaciona directamente con el sistema nervioso.

“Entonces, -te preguntarás- ¿ya venimos programados desde el nacimiento?, ¿mi bebé va a salir con el mal genio de mi suegra?

No te asustes, cuando tu niño o niña entra en contacto con su entorno, empieza a formar su carácter, es decir, el componente que se ve fuertemente influido por el ambiente, la cultura, la educación que le darás a ese niño. El carácter tiene que ver con el estilo familiar, los amigos y el colegio.

Parte del carácter tiene que ver con la voluntad y la seguridad para controlar nuestro temperamento y así tener conductas que acepte la sociedad. En otras palabras, la manera como los padres eduquen a su hijo determinará su carácter y, juntos, el temperamento y carácter que construirán lo que llamamos: personalidad.

La mejor comparación que encuentro para explicarlo es con una cubeta que ya tiene un poco de pintura amarilla y le echamos después otros colores.

La combinación no será igual a la de otra cubeta que de inicio contenía pintura azul.

Bueno, pues el temperamento es esa pintura inicial en la que caen las experiencias, y el carácter es la manera con la que un niño “matiza” lo que ve y escucha, lo que recibe de los demás y lo que no recibe. El color que resulta al final equivale a la personalidad.

Si te detienes en este momento a pensar en el temperamento de tu suegro y el de tu esposo, tal vez tome sentido esta explicación. Los dos pueden ser explosivos, bruscos, o tal vez bromistas y ligeros; pero cada uno tuvo diferentes padres, diferentes épocas y circunstancias que los hicieron matizar estas características de una u otra forma, haciéndolos parecidos pero no idénticos.

¿Para qué nos sirve saber todo esto?

Si aceptamos que hay una parte hereditaria en nuestros hijos, dejaremos de pelearnos con
su estilo personal y podremos entender que reciban las cosas de diferente manera.

Algo muy importante es aclarar que no existen temperamentos “buenos” o “malos”, sino que los padres damos esa clasificación en función de los “problemas” que nos generan con los hijos.

Si acepto que mi niño es “sensible” y no me peleo con esa característica para hacerlo duro y agresivo, como yo creo que debe ser, descubriré a un ser humano maravilloso que podrá potenciar su temperamento para adaptarse al mundo a su manera y ser feliz.

Si tengo una niña intensa, acelerada y brusca debo aceptar que exprese su feminidad de esa manera, en vez de tratar de hacerla como yo considero que “deben ser las niñas”.

Lo anterior no quiere decir que no les regañemos si hacen algo incorrecto, sólo que no podemos obligar a que reaccionen al regaño de una u otra forma.

Muchas veces nos vemos reflejados en los hijos y no siempre en cosas que nos gustan de nuestro temperamento; pero esa puede ser una buena oportunidad para crecer como familia. Hay que empezar aceptando la herencia genética que traemos, tanto nuestro temperamento como reconciliarnos con esa nariz o ese cuerpo que heredamos y no nos gustó. Usando nuestro carácter podremos moldear todo esto y crear una personalidad adecuada.

Los padres contentos con su personalidad, pueden educar hijos contentos consigo mismos.

Tu obligación con el nuevo bebé es ponerle límites, darle valores, ser coherente en lo que le dices y, sobre todo, aceptarlo con el temperamento que heredó.

Si haces esta tarea y respetas los estilos individuales de cada uno de tus hijos, tendrás buenos resultados, porque serán niños seguros y por lo tanto tendrán una buena autoestima que podrán heredar.

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