El miedo al contagio

La angustia ante lo que consideramos un peligro.

El temor es una sensación de angustia que nos alerta de situaciones que representan un peligro para nosotros; consecuentemente, mostrar temor a contagiarse de algún virus o bacteria que representan un peligro no sólo es normal, sino que nos ayuda a implementar medidas preventivas. No obstante, existen cierto tipo de personalidades que reaccionan de una manera muy peculiar y actúan de modos extremos en presencia de un riesgo real, como frente al recién brote de influenza o de piojos en las escuelas. Este tipo de individuos pueden tener reacciones de tipo obsesivas compulsivas, de tipo fóbicas y también paranoicas.

Estas respuestas son comunes en personas que ya poseían ciertos rasgos de personalidad, pero que se acentúan en situaciones reales de riesgo. Son sujetos que no sólo siguen las recomendaciones que ofrecen los medios de comunicación y las instituciones públicas correspondientes, sino que llevan al extremo tales indicaciones, al grado de aislarse en su propio cuarto por semanas, evitan todo contacto humano por vivir en paranoia, asumiendo que todos se encuentran contagiados, o llegan a implementar medidas sanitarias excesivas, como lavarse compulsivamente tres veces las manos cada vez que tocan algún objeto o persona.

Este tipo de comportamientos pueden generar una serie de problemas en el ámbito social, laboral e incluso físico (al grado de generar llagas, por ejemplo, si se lavan varias veces al día).

Si bien son muy importantes las medidas preventivas, también lo es no caer en pánico y en una angustia intensa que impulse a las personas a realizar ese tipo de actos, que podrían dañar su propia salud. Las situaciones de riesgo de epidemia, así como las situaciones de peligro en general, son un excelente destinatario de las angustias que cada uno de nosotros poseemos individualmente.

Estas situaciones se expresan desde nuestra angustia ante la muerte, pasando por la angustia que sentimos ante nuestro odio y nuestra hostilidad hacia los demás, o hacia nosotros mismos (a veces se manifiesta en deseos de muerte), hasta la angustia que se puede poseer frente a la cercanía física y el deseo de contacto sexual.

Este tipo de ansiedades, agregadas al temor real del contagio, es lo que puede llevar a una persona a reaccionar de manera fóbica, paranoica u obsesiva compulsiva frente a situaciones de riesgo.

Se recomienda entonces seguir las indicaciones y medidas preventivas que los centros de salud y los medios de comunicación difunden sin caer en excesos. Si perciben que un temor muy intenso los empuja a realizar y llevar a cabo otro tipo de medidas que resultan inadecuadas, que les impide seguir con su vida laboral o social –salvo en indicaciones de los centros de salud-, se recomienda acudir a un psicólogo o psicoterapeuta para explorar el tipo de angustia que se está depositando encima del un real miedo al contagio.

Ese tipo de ansiedades no sólo se manifiestan en situaciones de riesgo al contagio, sino que se encuentran presentes en nuestra vida diaria generando complicaciones en nuestras relaciones interpersonales, y no se expresan de una manera tan nítida como en esos momentos.

Es por ello que las recientes situaciones de epidemia, en cierto sentido, pudieron representar una excelente oportunidad para darnos cuenta cómo reaccionamos y si tenemos algún tipo de angustias que nos inundan, de modo que pudiéramos, en caso de poseerlas, acudir a ayuda profesional para que dejen de intervenir y dificultar, no solo el seguir las indicaciones de los médicos y centros de salud, sino nuestras relaciones interpersonales.

Psic. Roberto Gutiérrez Dieck
Psicología y Educación Integral, A.C. (PEI, A.C.)
Camino a San Mateo, Núm. 5, Interior 5 (frente a Superama San Mateo), Col. Boulevares Naucalpan de Juárez, Edo de México.
www.peiac.org

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