La participación del hombre en la fecundación

En el acto creativo para fecundar un óvulo.

En el acto creativo para que un óvulo sea fecundado se requiere de una semilla. En el ser humano, el hombre participa de la concepción con el esperma, un gameto masculino cuya función es aportar material genético que ha de intervenir en el desarrollo y nacimiento de un pequeño bebé.

El espermatozoide nace en los testículos masculinos en un proceso llamado espermatogénesis. Después de la pubertad, el hombre produce un aproximado de 125 millones de gametos masculinos o espermas, cuyo proceso de maduración se inicia en su generación y concluye en cuanto es eyaculado.

El material genético que contiene la información que ha de transmitirse al óvulo femenino, está contenido en la cabeza del esperma, la cual utiliza una cola para propulsarse.

Es en los testículos donde se crean estos diminutos seres, mismos que nacen a partir de células provenientes de una red de tubos donde, a partir de dichas células, se crean espermátides. Estos tubos se conectan a su vez con los conductos eferentes que transportan al esperma inmaduro hacia el epídimo, donde concluye su maduración y desarrolla cola.

La creación de hormonas se da justo aquí, donde también nace la hormona sexual masculina o testosterona, un andrógeno poderoso, responsable de las características sexuales secundarias, como pelo facial, voz profunda y deseo sexual femenino y masculino.

El hombre generalmente comienza a producir esperma durante la pubertad, bajo la influencia de la testosterona, de la Hormona Luteinizante (HL) y la Hormona Estimuladora del Folículo (HEF), proveniente de la glándula pituitaria. La fabricación de esperma se realiza durante la vida fértil del hombre, cuya cantidad y calidad puede disminuir con la edad, específicamente a partir de los 40 años.

Un espermatozoide no puede verse a simple vista, su dimensión no es mayor a la vigésima parte de un milímetro. Su cola está unida a la cabeza, la cual utiliza para movilizarse a través del líquido amniótico. Su cabeza es oscura porque, como te explicamos antes, ahí está contenido el material genético. Un espermatozoide recién formado pasa al epídimo, el cual está situado atrás de cada testículo. Ahí madura.

Una vez que el esperma logra alcanzar el máximo de dicha madurez, viaja por un tubo (vaso deferente), que conduce a la vesícula seminal.

Cuando se da la eyaculación, el semen se descarga a través de la uretra. Al final, el semen se conforma de líquido seminal y del esperma. En la descarga, el hombre eyacula alrededor de tres mililitros y medio, y cada mililitro contiene hasta 150 millones de espermatozoides.

Sin embargo, sólo unos cuantos tendrán la motilidad suficiente para avanzar y fecundar al óvulo. La acidez del entorno suele predeterminar la velocidad del esperma a través del líquido seminal. Dicha acidez vaginal determinará la rapidez del minúsculo ser, sin embargo, una vez superado este obstáculo, aun le faltará recorrer el conducto de las trompas de Falopio.

La ley del más fuerte.

De varios millones de espermatozoides, sólo unos cientos alcanzarán al óvulo, el resto se perderá al resbalar en la vagina o será destruido por la acidez vaginal.

Al alcanzar el óvulo, sólo un esperma tendrá que librar el último obstáculo: romper su membrana. Para lograrlo, libera enzimas que rompen la pared celular del óvulo y crean un hueco. Así, se prepara para penetrar en el oocito (la parte más interna del óvulo).

En este momento es tiempo de transferir la información cromosómica. El esperma se desprende de su cola y de su cuerpo.

Al fin, la fecundación es lograda por único y exitoso esperma, que tuvo las condiciones, la fuerza y la capacidad para lograr la meta. Cuando encuentra al óvulo, lo penetra iniciando así la fecundación. El viaje fue largo y tortuoso para esta criatura, sin embargo, al final contribuye para una nueva vida.

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