El equilibrio mental de los niños

¿Cómo saber si tu hijo es estable emocionalmente?

El equilibrio mental y emocional de tu bebé es de gran importancia para que desarrolle al máximo sus potencialidades y capacidades. Ofrecerle un ambiente que favorezca su estabilidad emocional no es tarea fácil. Debes saber que las funciones maternas y paternas, así como la estructura y estabilidad familiar son básicas para el desarrollo psíquico y emocional de tu hijo.

Una de las claves para que crezcan sanos, felices y seguros de sí mismos está en la paternidad. Ser un buen padre o madre requiere de mucho esfuerzo, el trabajo es 24×7 los 365 días del año; imagina tener este ritmo de trabajo en cualquier otra actividad… parece imposible ¿verdad?, lo es. Por tal motivo, esta tarea requiere de ayuda y acompañamiento. Ser padre es cansado físico, emocional y mentalmente, por lo que lo primero a tener en cuenta es que no es tarea de una sola persona.

Cualquier padre o madre necesita ayuda. Generalmente es la pareja pero también puedes recibir ayuda de algún abuelo, tío o amigo, de tal forma que el papá o mamá tenga tiempo también para ser “persona”, lo que le proporcionará la energía suficiente para llevar a cabo de forma exitosa la paternidad.

Siguiendo esta misma línea en cuanto a la importancia del rol de los padres, también hablaremos de su equilibrio mental y/o emocional como facilitadores de la salud mental y emocional de los hijos. Para que tú como papá o mamá, estés en óptima sintonía con las necesidades físicas y emocionales de tu bebé, requieres de cierta estabilidad emocional, ya que si no comprendes y manejas adecuadamente tus pensamientos y emociones, difícilmente podrá hacerlo tu hijo.

Los bebés y los niños necesitan ir comprendiendo lo que sienten; los padres (en especial la madre durante el primer año de vida), son los encargados de “digerir” por ellos las emociones. Si el bebé siente displacer y llora, la mamá o el papá advierte que es porque tiene frío y lo tapa. Así es como comienza a estar en sintonía con las necesidades físicas y emocionales del bebé; pero si la mamá está pasando por una depresión posparto o viviendo un momento difícil en su vida personal, es posible que no cuente con la disponibilidad emocional para hacer esta conexión y traducción emocional. Lo importante es que haya una figura que cumpla con este rol; si no la hay, probablemente el bebé empezará a presentar dificultades para regular sus reacciones emocionales.

Más adelante, si el niño llora porque mamá se va a separar, ésta le explica que regresará y que no debe preocuparse, lo cual le dará al niño la tranquilidad y seguridad suficiente. Pero si la madre dice estas mismas palabras, llorando o con un tono de angustia, el niño no logrará la tranquilidad y seguridad suficiente.

Con estos ejemplos, quiero demostrar la gran influencia que ejerce el mundo mental y emocional de los padres en la vida de los niños. Es por esto que en muchas ocasiones es recomendable que los papás reflexionen sobre su propia estabilidad mental y emocional cuando detecten que su hijo puede estar teniendo algún conflicto de este tipo.

¿Cómo saber si tu hijo es estable emocionalmente?

Hay muchos indicadores de salud mental. La mayoría de los especialistas proponen las siguientes características:

1) Capacidad de amar: La capacidad de amar va en relación al amor que recibe el niño. Es importante que en la vida del niño predominen las experiencias de amor y cariño sobre las de agresión y enojo.

2) Relaciones interpersonales: Es fundamental que tengan un espacio para socializar con otros niños y puedan hacer y mantener amigos, así como de resolver los conflictos que se presenten a medida que van creciendo.

3) Flexibilidad: Para que tu hijo sea flexible, tú como padre debes serlo también. La flexibilidad no es libertad, ni falta de límites. De hecho, el término tiene implícito el concepto de estructura y límites: dentro de la estructura que se maneje en el hogar, deben existir excepciones o momentos en que ésta se modifica. La rigidez excesiva es tan dañina como la libertad exagerada. Si se logra ser flexible en el hogar, el niño tendrá también esta capacidad y si algo no sale como esperaba, tendrá la habilidad para buscar opciones o salidas diferentes. La tolerancia a la frustración se verá favorecida si un niño es flexible.

4) Capacidad de jugar, divertirse y descansar. Esta es una de las características más importantes en un niño sano, el cual debe saber jugar tanto con amigos, como solo. Antes de los 4 o 5 años, el juego tiende a ser más simbólico. Después deben continuar este tipo de juegos pero también comienzan a ser más competitivos y, a medida que crecen, el simbolismo del juego disminuye. El juego es el precursor del trabajo y desarrolla muchas habilidades de pensamiento como la creatividad, que promueven la estabilidad emocional. El dormir adecuadamente y descansar es una característica básica cuando hablamos de un niño equilibrado mentalmente.

5) Capacidad de adaptación: Los niños están en constante cambio y crecimiento, es por esto que la adaptación a cada nueva etapa de su vida es un indicador importante de salud mental. Se espera que ante algún cambio el niño reaccione y no siempre la reacción se traduce en una adaptación inmediata; se trata de un proceso que lleva su tiempo; sin embargo, si logran adaptarse a los cambios internos y externos estamos frente a un niño estable emocionalmente.

¿Qué puedes hacer para promover la estabilidad emocional en tu hijo?

Tiempo de calidad. El niño debe tener espacios de tiempo con sus padres en que el contacto afectivo a través del juego o de la convivencia sea el aspecto primordial. Es durante este tiempo donde se desarrolla, principalmente, la capacidad de amar. Si un niño se siente atendido y querido por sus padres, no tendrá la necesidad de recurrir a conductas destructivas o autodestructivas para sentirse querido.
Poner en palabras lo que crees que está sintiendo. Los niños experimentan muchas cosas por primera vez, como es el caso de los sentimientos. Para regular sus emociones, explícale lo que tú crees que le está pasando. Por ejemplo: “estás llorando y haciendo berrinche porque estás muy enojado; y no siempre las cosas van a salir como tú quieres”. La intención de poner en palabras lo que está sintiendo se basa en que, conforme el niño vaya creciendo, pueda decir: “estoy enojado”, en lugar de pegar o “estoy triste”, en lugar de hacer berrinche.
Estructura y límites. Una estructura consistente, límites claros y firmes en el ambiente externo del niño, le darán la estructura interna necesaria para que, conforme vaya creciendo, pueda ponerse límites. Tú eres el primero que debe cumplir con los límites que impones; si sabes que no lo vas a poder hacer, es mejor que no los pongas. Debes adoptar una postura firme en este sentido, para que el niño se sienta seguro y tranquilo en el ambiente familiar. Cuando no hay estructura y los límites son poco claros o, al contrario, la estructura o límites son demasiado rígidos (sin flexibilidad), los niños tienden a mostrarse irritables y muy ansiosos, lo que entorpece su desempeño en diferentes áreas del desarrollo.
Ser predecible. Tus reacciones emocionales de enojo, tristeza o alegría deben ser predecibles para tu hijo. Esto implica que si un día te enojas porque no se comió la verdura, al día siguiente, frente a la misma situación, tu hijo esperará la misma reacción de tu parte pero si no sucede así no sabrá qué esperar de ti cada vez que no se coma la verdura; por lo que su angustia y ansiedad incrementarán a la hora de la comida.
Promueve su independencia. La sobreprotección es dañina tanto como el abandono. Cuando un niño está sobreprotegido, el mensaje implícito es “no puedes solo”, lo cual hará que sea dependiente y poco capaz de hacer las cosas por sí mismo. Favorecer la independencia, le dará seguridad y estabilidad emocional.

¿Cómo puedes detectar si tu hijo presenta inestabilidad emocional?

Si se ven alteradas algunas de las siguientes actividades por más de 1 mes: sueño, alimentación, capacidad de jugar y capacidad de atención.
Si está teniendo conflictos para adaptarse a las exigencias de su entorno, como la escuela, las reglas en casa o los cambios en cualquiera de estos ambientes (la llegada de un hermano, cambio de maestra, etc.).
Si sus reacciones emocionales son exageradas y tarda mucho en recuperar la calma.
Es difícil aceptar que algo no anda bien en el mundo mental o emocional de tu hijo, sobre todo porque se relaciona mucho con tu labor como padre. Recuerda que nadie te enseña a ser padre, que haces lo mejor que puedes y que, en ocasiones, se necesita un poco de ayuda para detectar si tu hijo presenta algún conflicto emocional. Si logras detectar que el conflicto emocional también está en ti, atenderte tú, como padre, mediante una psicoterapia es la mejor acción para promover y apoyar el desarrollo emocional de tu hijo.

Psic. Claudia Rule
Miembro de la SOCIEDAD PSICOANALÍTICA DE MÉXICO (SPM)
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