El dolor como valor positivo

En cada contracción la llegada del bebé está más cerca.

Como mamá primeriza seguramente ansías que llegue el momento del nacimiento de tu hermoso bebé, sin embargo esta ilusión puede verse ensombrecida por el temor al dolor que podrías experimentar durante el parto. Tu confianza puede incrementarse si comprendes tu propio umbral del dolor, reconociendo tus límites y aprendiendo técnicas que te permitan el autocontrol. El dolor en su valor positivo significa que por cada contracción la llegada de ese pequeñito está más cerca.

El dolor nunca es el mismo, ni le afecta a todas las mamás de la misma manera. Las contracciones varían, aunque existen algunos rasgos característicos que parecen ser semejantes entre todas las mujeres.

Puedes experimentar como una banda elástica que comprime tu abdomen mientras los músculos uterinos se endurecen y contraen, antes de retornar a su estado de relajación. Incluso, sentirás un fuerte calambre menstrual o un dolor en la espalda, aunque puede darse una combinación de estos síntomas en el punto más álgido, terminando en una acometida dolorosa que concluye desaparecer.

Las reacciones. Tal vez elijas no utilizar calmantes durante el parto, ya que esto puede evitar que vivas con toda su intensidad el nacimiento de tu bebé, y puede privarte de la experiencia de dar a luz. Es difícil conocer de antemano el límite al dolor que uno pueda soportar, especialmente si se trata de tu primer bebé. El miedo y la ansiedad pueden causar mayor sufrimiento, y algunas mamás se dan cuenta de que la experiencia no es todo lo dolorosa que se pensaba.

El miedo y la ansiedad son parte de la experiencia del dolor, y el evitar tomar calmantes puede hacerte sentir con toda su plenitud la experiencia de traer a un ser humano a la vida.

Algunas mujeres, sin embargo, se sorprenden de su alto grado de tolerancia al dolor y de la fuerza de las contracciones que generan, pero en la mayoría de las experiencias es el miedo y la ansiedad los que juegan un papel muy importante.

El uso de calmantes. Con la disponibilidad de fármacos disponibles actualmente, es posible aliviar el dolor por completo. En el caso de la anestesia epidural, es probable su utilización para reducir el dolor a niveles tolerables. Algunas mamás no toman calmante alguno en la fase inicial, pero recurren a pequeñas dosis de gas y oxígeno durante la transición.

No te sientas culpable por solicitar algún calmante, esto no es considerado de ninguna manera como un acto de cobardía; sin embargo, su utilización puede influir de manera muy importante en el buen curso del nacimiento del tu bebé.

Si no estás segura de lo que debes hacer, evita los calmantes en la medida de lo posible. Te sugerimos dejes un cuarto de hora entre tu solicitud de calmantes, y su administración efectiva, ya que durante ese lapso puede cambiar la situación del parto en tu favor y evolucionar favorablemente. Este lapso de tiempo puede ser de utilidad para evaluar con tu pareja si se puede avanzar tan sólo con su apoyo, o de plano pedir el calmante.

Si lo que quieres es participar de manera plena en el nacimiento de tu pequeño, hay alternativas a los calmantes de tipo medicamentoso. Recuerda que tu propio cuerpo genera sus propias sustancias relajantes: las endorfinas. Cuanto más natural es tu embarazo, más natural es el parto; tu cuerpo reaccionará con las endorfinas necesarias incrementando la tolerancia de tu cuerpo al dolor.

En caso contrario, si deseas la administración de medicamentos, busca información al respecto. Conoce los tipos de calmantes disponibles, platica con tu médico o con la comadrona al respecto, y define las opciones en tu plan de parto. En caso de alguna complicación, no olvides anotar algún plan alterno.

Cabe decir que muchos médicos y comadronas se inclinan más por un parto indoloro con el apoyo de medicamentos, pero está en ti el anotar tus preferencias al respecto. No dudes en poner en cuestión el uso de calmantes, y asesorarte antes de aceptar esa opción.

El dolor y los medicamentos

Sólo algunos hospitales cuentan con la disponibilidad de cierto tipo de medicamentos, sin embargo, habrá algunos anestésicos disponibles en todas partes, por lo que la comadrona o tu médico podrán aprovisionarse de algunos.

Anestesia local. Su función es la de inhibir la sensibilidad de determinada parte del cuerpo, bloqueando la transmisión del dolor a través de las fibras nerviosas.

A continuación te describimos distintos tipos de anestésicos que se administran para reducir los niveles de dolor en la madre.

El bloqueo pudendal. En este caso, el anestésico se administra directamente en la vagina con una inyección, muy cerca de la región pélvica, bloqueando el nervio pudendal. La parte inferior de la vagina queda insensibilizada: Es un anestésico útil en el caso de una episiotomía. Su uso no es muy frecuente.
Anestesia epidural. Juega un papel importante en el bloqueo del dolor en la vagina, evitando que éste se propague. Actúa como un bloqueador nervioso en la columna vertebral. La epidural correctamente aplicada insensibiliza de la cintura a las rodillas, mientras la mamá está consciente. Suele utilizarse en caso de alguna complicación, como la preeclampsia, asma severa o extracción del feto con fórceps.
La anestesia caudal. Se administra por medio de una inyección en la columna vertebral a la altura del sacro, insensibilizando la vagina y el perineo. Su principal fortaleza es la de inhibir el dolor de manera transitoria, en casos de extracción por succión o con fórceps.
Los medicamentos: efectos colaterales

La utilidad de los medicamentos en el alivio de los dolores de parto suele ser aceptada, sin embargo, su utilización afecta de otra manera la experiencia de traer un bebé al mundo. El placer de ser madre también dependerá de la elección del tipo de anestésico utilizado.

Algunos efectos colaterales:

Las náuseas. Es breve la sensación que puedes sentir cuando se utiliza gas y oxígeno; también es frecuente cuando se utiliza en combinación con pecidina y otros narcóticos. Puede que llegues a vomitar.
El mareo: confusión o desorientación o hasta alucinaciones, son los efectos del uso de las pecidina y otros narcóticos.
El sueño: la somnolencia es un efecto secundario muy común cuando se utiliza gas y oxígeno, los tranquilizantes o los narcóticos. Suele ser agradable para algunas mujeres la sensación de ligereza, pero el sueño que puede inducir provocaría la sensación de pérdida de control sobre lo que sucede. Si te aplicas este tipo de anestésicos, es probable que no te des cuenta de lo que pasa a tu alrededor, y que el nacimiento ocurra sin que te enteres.
Considera que tu estado de ánimo es importante ya que puede influir en el dolor que sientas durante el parto. El estado de tensión afectará al útero y retrasará todo el proceso, influyendo también de manera poco conveniente al bebé. Si la administración de un calmante contra la ansiedad te ayuda, no tiene sentido que te prives de él.

La afectación en el bebé

Una vez que el anestésico ha entrado en el torrente sanguíneo, la mayoría de los calmantes afectan a tu bebé, debido a que pueden traspasar la placenta. Y su concentración será más elevada en la sangre del bebé que en la tuya.

El bebé puede sufrir una somnolencia debido al uso de la pecidina, que lo adormecerá después de su nacimiento, afectando su capacidad para mamar, además de evitarle responder correctamente a los estímulos.

Otra afectación negativa puede ser la de afectarle la respiración. Un narcótico puede inhibir o dificultar la respiración del bebé. La administración de pecidina, cuando está por finalizar el parto, afectará permaneciendo en el bebé durante más tiempo.

La anestesia epidural es la más recomendable, ya que las sustancias empleadas ofrecen muchas posibilidades de permitir que el bebé permanezca despierto y sin problemas de tipo respiratorio.

Se administra la anestesia local vía inyección en la espalda con el fin de insensibilizarla; el especialista anestesista insertará una aguja en la parte epidural, que es una región que rodea la médula espinal dentro de la columna vertebral.

1 Comment
  1. La anestesia epidural ayuda a evitar el dolor en el parto o cesárea y no hay indicios de que afecte al bebé, así hay un equilibrio entre no sufrir en ese increíble momento y que pueda evaluarse al bebé de acuerdo con la escala de Apgar.

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