El cordón umbilical, el primer lazo entre madre e hijo.

El cordón umbilical es el nexo que une a la mamá con el bebé en vías de desarrollo o feto. Contiene arterias principales y venas (las arterias umbilicales y vena umbilical) para el intercambio de sustancias nutritivas y sangre rica en oxígeno, entre el embrión y la placenta.

El tamaño del cordón umbilical es por lo general de unos 56 cm de longitud y de 1 a 2 cm de diámetro. Dicha longitud puede variar desde la acordia, es decir la ausencia del cordón umbilical, hasta más de 300 cm. Más del 5% de los cordones son más cortos de 35 cm, y otro 5% miden más de 80 cm.

Complicaciones.

No es muy frecuente que existan alteraciones pero en ocasiones pueden aparecer y éstas dificultan y complican el crecimiento del bebé. Cualquier presión que se presente en el cordón podría impedir un flujo normal de las sustancias que pasan por él, lo que causaría el llamado “sufrimiento fetal”.

Las principales alteraciones que se pueden producir son:

  • Enredos y vueltas en el cordón umbilical
  • Nudos en el cordón umbilical
  • Cordón umbilical de una sola arteria
  • Alteraciones en la longitud del cordón

El cordón umbilical es rico en células madre y la sangre que contiene puede ser utilizada para tratar gran número de enfermedades. Las células madre brindan la posibilidad de tratar más de 70 enfermedades como leucemias, linfomas, anemias y algunas inmunodeficiencias.

A nivel mundial se han realizado más de 30 mil trasplantes de células madre, a recolección se realiza únicamente en el momento del nacimiento, sin dolor ni riesgo para la madre o el bebé.

El cuidado del ombligo.

Una vez que se corta el cordón mide unos 4 cm y cuelga de lo que será el ombligo del bebé. Al nacer se le sujeta con una abrazadera de plástico que se cae cuando el cordón está completamente seco.

El cordón tardará un aproximado de 7 a 10 días en secarse, se pondrá de color café y finalmente se desprenderá.

Existen ocasiones, aunque no muy comunes, en las que puede llegar a infectarse un poco. Por lo general no es de importancia relevante y lo que tendrás que hacer es limpiarlo con un antiséptico que te recomiende tu pediatra y una gasa. En muy raras veces se tendrá que utilizar antibiótico.

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