El A, B, C, del berrinche

Importancia de los límites en el desarrollo infantil.

El berrinche es una etapa en el desarrollo emocional de los pequeños, suelen aparecer entre el año y los dos años y medio de vida. La mayoría de los niños de dos a seis años hacen berrinches en diferentes grados, forma parte de una fase normal del desarrollo. Algunos se pueden prevenir con reflexión y preparación, pero otros son inevitables. La clave está en enseñarle a tu hijo (a) a tener autocontrol, empezando por ti mismo.

Podríamos iniciar definiendo el “berrinche” como una inhabilidad de controlar las emociones profundas que sienten los niños; es decir, sienten una falta de control y una imposibilidad para comunicar sus emociones: quieren ser escuchados y mostrar lo frustrados que están.

Hay tres razones principales por las que un niño o niña tiene un berrinche.

  1. Quieren expresar una emoción como frustración, ira o inclusive tristeza cuando él o ella no tiene una manera alternativa saludable de expresarla;
  2. Desean obtener algo, como la atención de un padre;
  3. Quieren evitar hacer algo que él o ella necesita hacer.

Antes de empezar el “berrinche” la frustración se incrementa. El pequeño comienza casi siempre con un “no” o “no quiero”; después inicia el llanto y los gritos intensos, de ahí puede seguir hasta hacerle daño a alguien intencionalmente (pegar o morder) y, en algunos casos excepcionales, se hacen daño a sí mismos golpeándose contra el suelo o las paredes. El berrinche en un grado muy alto es un recurso que lleva tiempo ejercitar para conseguir algo; por ejemplo, puede llevar a que un niño se prive (el pequeño deja de respirar algunos segundos). Los niños no hacen berrinche cuando están solos –a menos que sepan que hay alguien afuera escuchando-, ya que la intención primordial de esta conducta es que sean observados para que se acceda a sus demandas.

Es muy importante subrayar que el berrinche es parte de un proceso natural durante el crecimiento, de aprender a expresar y controlar emociones. Lo que no es natural es que éste se convierta en un medio constante de comunicación entre los pequeños y sus padres.

Los niños de edad pre-escolar pasan por una etapa de desarrollo muy especial, conocida como la primera etapa de la individualidad. A esta edad, los niños descubren que son entidades diferentes a sus padres y que pueden dominar el mundo pero, por supuesto, no tienen los medios para hacer eso. Además, no entienden claramente el concepto del tiempo y muestran una sensación de urgencia sobre sus necesidades y deseos, quieren algo y lo quieren ahora. Es esencial comprender que es absolutamente normal que nuestros hijos demanden, pidan, tengan deseo de todo y en todo momento; se puede empatizar con esos deseos, lo que no implica que éstos tengan que ser satisfechos.

¿Qué podemos hacer, para aprovechar esta situación, propia del desarrollo de los hijos, como una oportunidad para enseñarles autocontrol? Marcando pautas claras desde el nacimiento, mostrándole lo que puede y no puede hacer, construyendo el antídoto para el berrinche o lo que es lo mismo: estableciendo límites.

Ahora bien, ¿Qué es un límite?

Es el punto que te marca hasta dónde está permitida una acción. Son normas, reglas, pautas a seguir que tienen consecuencias dependiendo de cada familia. Sirven para inculcar hábitos, definir responsabilidades, establecer valores, enseñar autocontrol y dar seguridad.

Un límite esta formado por 4 engranes:

  1. Firmeza.
  2. Empatía
  3. Constancia
  4. Consecuencia

Los niños necesitan conocer límites y aceptarlos (esta aceptación se logra con la firmeza que los padres mostramos al implementarlos). Deben entender que sus papás escucharán sus deseos, pero que las personas adultas están a cargo y generalmente tienen la decisión final.

El ser amigables con nuestros hijos no implica olvidar la función principal que tenemos: ser Padres, ya que los límites son importantes para que los niños empiecen a valorar lo que son ellos mismos y los demás.

Tips

  • Intenta prevenir los berrinches contándoles a tus hijos lo que pueden esperar de una determinada situación.
  • Ignora el berrinche. La indiferencia es una forma de enfocar atención a tu hijo (a). No le des lo que pide mientras llora.
  • Distrae a tu hijo(a) dirigiendo su atención hacia otra parte.
  • Susúrrale palabras al oído hasta que se sienta mejor. “Mamá esta aquí, te amo y debes tranquilizarte”
  • Asigna un lugar para los berrinches. “El lugar de pensar”; “el lugar para berrinches” y solicítale que permanezca ahí durante pocos minutos (1 minuto por edad) para que se tranquilice, dile que gritar o llorar no es adecuado, que respire profundamente y cuando se calme intenta abrazarlo y continúa con las actividades del día.
  • Expresa empatía cuando tu hijo no obtenga lo que quiere. Dile: “entiendo que te sientas enojado, pero no voy a darte lo que me pides”
  • Intenta con firmeza poner punto final a una rabieta que parece se esta prolongando y redireccionala. Ayuda a tu hijo a facilitarle las transiciones hacia la calma cuando este enfadado.
  • Elogia como está comportándose en la nueva actividad y ni una palabra más sobre el berrinche.
  • Avísale a tu hijo(a) con tiempo cuando hay un cambio de actividad. Aunque el niño no sabe todavía lo que son 5 minutos, se va acostumbrando a que hay un período de transición entre lo que está haciendo y lo próximo. Este paréntesis le va a permitir “despedirse” de la actual actividad y/o guardar sus juguetes.
  • Antes de ir a cualquier lugar público explícale al niño como se debe comportar, lo que puede hacer y lo que no puede hacer.
  • Mantén una rutina diaria en lo posible, para que tu niño(a) sepa qué esperar.
  • Abrazarlos, en algunos casos tomarlos en brazos, sin rabia y con dulzura funciona para desactivar el berrinche.

Si los niños saben cuál es la última palabra es más difícil que luchen contra ella, lo importante es que envíes el mensaje de que lo estás escuchando pero que de esa forma no va a conseguir nada. El mensaje a tu hijo(a) a través de lo anterior es: “Te quiero mucho y no te voy a abandonar en este momento difícil – pero no voy a permitir los berrinches”. Educar es un proceso que lleva tiempo, que requiere de paciencia para respetar los ritmos específicos de desarrollo de cada hijo.

 

Lic. Dulce Elena Tiscareño Corchado
Terapeuta Familiar
Directora Clínica de IDAPSI A.C. y especialista de TAD en Fortalecimiento Familiar

Aún no hay comentarios

Dejar tu comentario