Dieta en la lactancia

Los requerimientos nutricionales de la madre aumentan.

Esto no significa que tengas que comer el doble. Sino que tus elecciones nutricionales deben optimizarse. La maternidad reestructura. Madura tu responsabilidad. Y parte de esa sensatez nos obliga a observar a los nutrientes como parte de una resolución. Porque, durante este periodo, conservar la perfección orgánica de nuestro bebé depende incondicionalmente de nosotras… somos su sustento, en todos los sentidos.

Entonces, la lactancia debe ser un periodo de exigencia nutricional. Todo lo que atraviese nuestra pared intestinal tiene un destino bien importante: nuestro bebé. Ahora, el cuerpo es muy inteligente y cada una de nuestras células se torna maternal. Quiero que estén tranquilas, porque los mejores nutrientes van a ser escoltados con celosía hacia la leche. Alimentarse va a ser necesario para el desarrollo optimo de nuestro bebé y para nuestro organismo. Porque, evidentemente, nosotras también necesitamos nutrientes. ¡Sobretodo para aguantar las desveladas! Para no descompasar la estructura del esqueleto, la vista, los órganos, el cerebro.

Desde el punto de vista nutricional el periodo de lactancia es aún más exigente que las necesidades durante el embarazo. Nuestra leche le aporta al bebé vitaminas, minerales, proteínas, carbohidratos, grasas, agua, lactosa. Nuestra leche les proporciona anticuerpos que les protegen de infecciones. Todo esto supone necesidades energéticas y nutritivas muy elevadas. Normalmente con que le agreguemos 500 calorías a nuestra ingesta diaria, cumplimos con el esfuerzo metabólico que implica su producción.

La mujer que lacta requiere por lo general de un 22% más de energía que la que no lo hace, aunque las necesidades pueden variar según el metabolismo, actividad física y reservas de cada mujer. Ahora, no me gusta hablar de calorías a la ligera, porque la elección nutricional es lo más importante. Nunca va a ser lo mismo saciar esas 500 calorías con una alcachofa, una manzana y una porción pequeña de proteína magra; que hacerlo con una rebanada de pastel, un refresco y papitas fritas. Las 500 calorías tienen que ser un buen “pilón” para el organismo. Es un régimen oportuno porque la madre que amamanta emplea las reservas de grasa acumuladas durante el embarazo para la producción de leche. Lo que contribuye a recuperar progresivamente el peso previo al embarazo.

La alimentación de la madre deberá ser lo más variada posible, para que resulte completa y equilibrada.

  • Las necesidades proteicas se duplican. Elige carnes magras, aves, pescados, huevos y lácteos bajos en grasa.
  • Igualmente las vitaminas A, D, E, C, B1, B2 y ácido fólico se requieren en mayor cantidad. Consume verduras y fruta. En ellas vas a encontrar una fuente importante de beta-carotenos, ácido fólico y minerales y fibra.
  • Procura que tu ingesta en carbohidratos sea integral. Arroz salvaje, papas hervidas, elotes.
  • Limita tu ingesta de grasas e intenta que sea rica en omegas.
  • Los lácteos van a ser tu principal fuente calcio. Pero que no se te olvide que también lo consigues en las guayabas y el pimiento. Para fijar el calcio en tus huesos y los de tu bebé, vas a requerir de la ayuda de la vitamina D, que la vas a a encontrar en las espinacas y las verduras verdes.
  • Va a ser primordial la hidratación durante esta etapa. Normalmente da mucha sed. Pero recuerda que la sensación de sed es la forma que tiene el cuerpo para avisar que ya te falta el 2% de tu hidratación. No dejes que esto pase. Toma jugos, infusiones, leche. Porque el 90% de esa agua se va a ir a las mamas.
  • Las mamás adolescentes, vegetarianas o con determinadas enfermedades pueden necesitar una dieta especial. Lo mejor es pedir consejo profesional.

La leche materna supone un esfuerzo metabólico. Pero se regula con naturalidad gracias a las enzimas que segrega el cuerpo. Producimos leche, no solo una, sino varias veces al día. Esto nos lleva a pensar que nuestra ingesta debe ser constante. Así lo es. Al comer varias veces al día, vamos a reponer los nutrientes que se escapan por la orina. Aprovecha la conmoción de la rutina para hacerlo. Cuando el tiempo se agenda en horarios trivalentes es difícil que quepa la sobremesa. Va a ser mucho más fácil alimentarte en “tantos”. Créanme que sentarse a comer va a ser muy difícil. Así que es mejor que se hagan a la idea de comer y arrullar al mismo tiempo.

Dore Ferriz

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