Conflictos entre hermanos

Sigue estos consejos para que no peleen.

En las relaciones entre hermanos se producen un cúmulo de sentimientos que van del amor al odio y que se manifiestan con abrazos, mordiscos, besos, empujones, caricias o insultos. Las discusiones son naturales y frecuentes en las relaciones entre hermanos pero, cuando tienen lugar, a los padres suelen alterarnos sobremanera. Nosotros desearíamos que nuestros hijos fueran siempre amables entre ellos. Pero debemos aceptar que la hostilidad es algo normal en su interacción, si no, recordemos cómo nos llevábamos con nuestros hermanos cuando éramos pequeños o cómo se llevaba ese amigo que teníamos con los suyos.

Ser hijo único significa poseer toda la atención de los padres. Pero, ¿qué pasa cuando uno deja de serlo y llega el hermanito? Es muy probable que aparezcan los celos, debido a la nueva situación: la atención y el afecto de sus papás no irán dirigidos exclusivamente hacia el hijo único, sino que deberán ser compartidos con su hermano. – Llamar la atención: las peleas entre nuestros hijos suelen estar motivadas por el deseo que poseen de ser los más queridos y los mejor atendidos por nosotros, y de recibir un trato especial. En definitiva, la causa última es llamar nuestra atención; ¿cuántas veces no ha venido tu hijo hacia ti sollozando y diciendo “¡Mami, mi hermano me ha insultado!”? Si nuestros hijos son pequeños (menores de 5 años aproximadamente), adoptemos una expresión de enfado y podemos decirles algo como:”No me gusta que discutan.

Si juegan sin pelear, se ganarán un paquete de estampas”. Después les dejamos y seguimos con nuestra tarea. Si al cabo de diez minutos aproximadamente no han discutido, con cara sonriente, les damos las estampas y los felicitamos. También podemos premiarles con dejarles jugar con nosotros en nuestra cama, con prestarles algo que habitualmente no está a su alcance, etc.

Cuando nuestros hijos son mayores, ignoraremos todas las peleas que no supongan un peligro físico y les prestaremos atención cuando jueguen juntos tranquilamente. Podemos advertirles de antemano diciéndoles: “Sus discusiones son problema de ustedes. Cuando se peleen, me iré de donde estén”. En el momento en que comiencen a discutir, nos iremos a otra habitación. Sin que nos vean, iremos vigilando que no se hagan daño.

Cuando haya agresividad física, los separaremos y, sin hablar ni discutir con ellos, los mandaremos a dos habitaciones diferentes para que se calmen y reflexionen. Solamente les diremos: “Cuando se hayan tranquilizado y tengan la solución, volvemos a hablar y resuelven el problema por su cuenta”. No querer compartir sus juguetes, ropa, etc.: es importante que enseñemos a nuestros hijos estrategias para que aprendan a compartir. Una manera podría ser dedicar media hora al día a prestarse los juguetes mútuamente y a jugar, cada uno, con los juguetes del otro.

El deseo de competir:

“Yo saco mejores notas que tú”, “Yo corro más rápido”, y un largo etcétera.

Como en todos los casos, no debemos intervenir en la riña. Como prevención, es importante que no utilicemos “etiquetas” como “Juan es el mandón y Elisa la despistada”, y que tampoco los comparemos: “Jordi estudia menos horas que tú y saca mejores calificaciones”. Debemos aceptar e inculcarles que cada uno tiene sus características positivas y sus facetas a mejorar, y así evitaremos los sentimientos de inferioridad y superioridad.

También es aconsejable que les propongamos juegos no competitivos, como tocar instrumentos musicales, representar una obra de teatro, etc. – El trato “injusto”: los niños suelen quejarse de recibir, por parte de sus padres, un trato injusto en relación a sus hermanos: “¿Por qué yo tengo que estar estudiando si Alberto está jugando? ¡Esto no es justo!”.

A menudo acaban discutiendo por este tema. Es importante que valoremos y premiemos el esfuerzo más que la actividad llevada a cabo, para que aprendan que, debido a las diferencias de edades, lo que requiere un pequeño esfuerzo para el mayor, para el menor cuesta mucho más. Por otra parte, debemos concretar las responsabilidades de cada uno de nuestros hijos, teniendo en cuenta su edad, e intentando evitar que el mayor cargue con las del pequeño.

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