¿Bichitos?

¡Desparasítalos!

Según la OMS, los parásitos intestinales habitan en el sistema digestivo de 2 mil millones de personas en el mundo.

Entre ellos, uno de cada cinco son niños, y especialmente ocurre entre quienes viven en ambientes poco aseados, pues se transmiten por el consumo de aguas sin procesos de higienización, alimentos que no son correctamente lavados o por no lavarse las manos, especialmente después de entrar al baño.

Los padres pueden darse cuenta de la presencia de las lombrices en la materia fecal o de los huevos que alcanzan a percibirse alrededor del ano del niño. Cuando han migrado a esta región pueden producir comezón y los niños se rascan, se llevan las manos a la boca y el proceso de infección vuelve a empezar. Lo ideal es lavar la zona con lociones calmantes durante el día y cambiar los tendidos cuando se inicie el tratamiento con antiparasitarios.

Algunos otros síntomas pueden ser decaimiento, cierta apatía para comer, anemia o diarrea, dolor de estómago y, en ocasiones, fiebre.

Por esta razón es recomendable desparasitarse pero siempre bajo la asesoría del pediatra para que sea él quien recomiende cuál y cada cuánto es necesario.

Una manera de prevenirlo es mantener los espacios limpios, tomar agua potable y, especialmente, lavarse con mucha frecuencia las manos.

Los niños deben ser desparasitados a partir del año. Antes no, porque se puede causar daños al organismo del bebé. De hecho, en el mercado no hay medicamentos anti parásitos para niños menores de un año.

Por lo general el tratamiento va de 6 a 8 días. Hay casos severos en los que se requiere repetir la dosis, 15 días después del anterior.

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