Bebé prematuro

¿Qué pasa cuando tu bebé nace antes de tiempo?

Esperamos que, en un embarazo, haya que esperar nueve meses, pasar por la sala de partos, estar internada 48 o 72 horas y volver a casa con un recién nacido que pese alrededor de los tres kilos, que tome pecho, haga provecho y duerma el resto del día. Y debemos aceptar que esto es lo más frecuente. Pero, a veces, la naturaleza decide que el bebe llegue antes. Causas hay muchas, algunas se pueden evitar y otras no.

Se minimizan los riesgos de tener a un bebé prematuro si se concurre a los controles regulares y se cumplen las indicaciones del obstetra. Pero, a veces, igual, nace antes. No hablo de cuando se adelanta unos días, ni siquiera de cuando tiene 35 o 36 semanas.

Me refiero a cuando lo hace realmente antes. Cuando llega un bebé prematuro, no sólo es prematuro el recién nacido, sino que también lo son los padres.

La sorpresa de que ya haya nacido, cuando a mi mente le faltaba tanto para empezar a esperarlo, es un shock interesante. En primer lugar, lo frecuente es la negación.

“No; esto no sucedió. No es verdad. No me está pasando a mí.”

Luego viene una etapa de furia, de enojo, de búsqueda de culpables.

“¡Cómo el médico no se dio cuenta! Nadie me avisó de esto.”

Incluso: “¿qué hice yo para que esto sucediera?”

Aparecen las culpas: “esto pasó porque me moví mucho, o porque me quedé muy quieta, o porque comí mucho o porque no me cuidé lo suficiente, …”

Lo cierto es que la mayoría de las veces, la prematurez no depende de lo que la madre haya hecho o haya dejado de hacer.

Simplemente sucede

Cuando se trata de un recién nacido de bajo peso, o al que le cuesta la adaptación a la vida fuera del útero, el bebé debe pasar a una Unidad Neonatal.

Es frecuente que, en esos casos, la madre lo vea sólo unos minutos o que incluso no lo vea (si fue una cesárea, por ejemplo), y lo conozca, al otro día o al otro.

En ese caso, el mensajero que trasmite las noticias, es el padre, doblemente angustiado por su esposa y por su hijo, que recorre como alma en pena los sanatorios (a veces la U. N. no está en el mismo centro en el que está la madre).

La madre, por supuesto, no le cree del todo y no se convencerá de cómo son las cosas hasta que lo vea. Y cuando este encuentro se produce aparecen otros elementos.

¿Qué hacer?

– Postergar sus anhelos de ser madre y deber delegar en otros, desconocidos pero hábiles y competentes, los cuidados de ese hijo que había soñado tener consigo, ya en su casa y sin la pesadilla que están viviendo.

– Aprender a sobrellevar las idas y venidas que tienen los primeros tiempos de un recién nacido prematuro: adaptación del punto de vista respiratorio; si empezó a comer; si tolera y cuánto tolera; si creció un microbio en el último cultivo, etc.

La madre, en estos casos, está sometida a los temores, dolores y el cansancio propios del puerperio, agregándose los inherentes a la prematurez: las culpas por no haber “podido retenerlo lo suficiente”, a no poder estar todo el tiempo con él, a sentirse muy insegura con el manejo de ese ser aparentemente tan frágil.

Hay mucho para ayudar a esta familia en estas circunstancias. Pero lo primero y fundamental es dejarlos retomar, de a poco y con apoyo, la función de padres. Permitirles, dentro de lo posible y cuando se pueda, el mayor contacto con sus bebés, piel a piel, cambiarlos, incluso bañarlos.

Por: Dr. Fernando Prego

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