Ayúdalo a crecer: fortalece su autoestima

Sentirse esencialmente cómodo dentro de uno mismo.

Ya lo sabes, ya lo has vivido. Tu hijo es demandante, busca tu atención, tu afecto, tu tiempo. Lo necesita, piensa que tú eres todo para él: quien le dio la vida, le alimentó y alimenta, le viste, le protege del tiempo. Hay en él un instinto de supervivencia natural que le da la certeza de que eres esencial en su vida. Pero más allá necesita tu afecto para desarrollar una sana seguridad personal, para aprender a saber quién es él en este mundo y cómo relacionarse con los demás.

Se habla mucho de la autoestima, quizás demasiado. La autoestima es la idea que tenemos a cerca de nuestra propia valía como personas. Sentirse esencialmente cómodo dentro de uno mismo, aceptarse tal y como uno es y quererse sin condiciones es esencial para la supervivencia psicológica y para la salud mental del individuo. Los padres son esenciales para ayudar a que su hijo o hijos desarrollen una autoestima sana, adecuada a su realidad. Se forma a medida según los pensamientos, sentimientos, sensaciones y experiencias que sobre sí mismo, el niño va recogiendo durante su vida: se creen listos o tontos, se sienten antipáticos o graciosos, se gustan o no. Los millares de impresiones, evaluaciones y experiencias así reunidos se conjuntan en un sentimiento positivo hacia ellos mismos o por el contrario, en un incómodo sentimiento de no ser lo que se esperaba de ellos. El juzgarse y rechazarse a sí mismo produce un enorme dolor, dañando considerablemente las estructuras psicológicas que literalmente te mantienen vivo.

Cada palabra o gesto de aprobación que tienes con él, le da seguridad; cada rechazo que siente y que no comprende la causa le genera inseguridad. Los juicios que haces sobre tu hijo son muy importantes para él, y más si estos son públicos, aunque sea delante de sus hermanos o –peor aún- de sus amigos. Un niño desarrolla una baja autoestima cuando tiende a pensar de forma inadecuada acerca de sí mismo. ¿Cómo se produce este fenómeno? …cuando se distorsiona su pensamiento.

A continuación, las más comunes:

  • Sobregeneralización: A partir de un hecho aislado se crea una regla universal, general, para cualquier situación y momento. Un pequeño error puede ser interpretado como “todo me sale mal”. Un gesto de desaprobación de otra persona puede ser interpretado por el niño como “todo el mundo me rechaza”.
  • Valoración global: Se utilizan términos peyorativos para describirse a uno mismo como persona global. No tener habilidad para un determinado tipo de tareas puede ser interpretado como “soy muy torpe” o “soy un fracasado” en lugar de decir “esta actividad, no se me da bien”.
  • Filtrado negativo: Se fijan solo en lo negativo de una situación y no se dan cuenta de lo que puede tener de positivo.
  • Autoacusación: el niño se encuentra culpable de todo. “Tengo yo la culpa”/ “Tendría que haberme dado cuenta”.
  • Lectura del pensamiento: supones que no le interesas a los demás, que no les gustas, crees que piensan mal de ti…sin evidencia real de ello. Son suposiciones que se fundamentan en cosas peregrinas y no comprobables.

Si ves que en tu hijo se da alguna de estas formas de pensar ayúdale a concretar, a razonar de acuerdo a la realidad, para aprender de los errores y repetir de sus aciertos. Tu hijo necesita TODO de ti.

Lic. Nieves Horcajadas
Especialista en Educación, Desarrollo y Familia.
www.tad.org.mx

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