Ante la tristeza puerperal o “baby blues”

Tu capacidad de dar la vida es patente y asombrosa.

El maravilloso proceso del embarazo y del nacimiento de tu bebé conlleva una entrega total ya que literalmente das la vida por tu hijo (a) no sólo de manera física sino en muchos otros sentidos.

Sabemos que casi al final del embarazo por las noches duermes de forma interrumpida y enfrentas las molestias naturales que implica llevar a tu hijo en tu vientre mientras crece y se prepara para nacer. También que en el parto, toda tu energía y la fuerza de tu amor se centran en él.

Tu capacidad de dar la vida es patente y asombrosa – no olvides confiar en ello- y demanda todo lo que eres capaz de brindar. Te sientes cansada pero a la vez plena por el esfuerzo. No es para menos, ¡estás dando a tu hijo lo mejor de ti!

Como todo suceso significativo, después del nacimiento viene una etapa de ajuste a tu nueva realidad que, emocionalmente, tiene un gran impacto: además de reconocerte como madre, sabes que en casa, y a tu lado, hay un bebé a quien hay que seguir protegiendo. Es un gran reto cuidarlo y alimentarlo ya que tu bebé depende totalmente de ti.

Por ello, en el proceso normal del posparto es muy común la posibilidad de que experimentes la llamada tristeza puerperal o “baby blues”. No te asustes, esto le sucede al 74% de las nuevas mamás y se puede presentar a los tres o cuatro días después del parto con una duración de uno a cuatro días.

El episodio se caracteriza por experimentar llanto sin aparente razón, ansiedad ante la nueva responsabilidad que debes asumir, falta de concentración y dificultad para dormir. Puedes hasta sentir desesperanza, baja autoestima y falta de confianza. Incluso, debido a la fatiga que implica alimentar constantemente al bebé día y noche, puedes sentirte irritable y experimentar algunos miedos relacionados con su cuidado.

Ante la posible presencia de esta situación, es importante que desde el embarazo hagas un plan para el posparto y generes un “sistema de apoyo”. ¡Ten la seguridad que te favorecerá! Así, por ser todo un acontecimiento de familia, no dudes en pedir ayuda a tu mamá, a tu suegra, hermanas y cuñadas especificándoles en qué quieres que te auxilien. De igual modo, es un hecho que tus amigas cercanas estarán dispuestas a colaborar. No te olvides de los abuelos, sin duda, serán una bendición en estos días.

Delega todo lo que puedas del trabajo de la casa, las compras, la tintorería, los pagos y el cuidado de tus otros hijos para que puedas dedicarte totalmente a cuidar, bañar, cambiar y amamantar a tu bebé.

El primer mes es el más difícil y poco a poco podrás integrarte con tu hijo (a) a las actividades familiares y sociales asumiendo por completo tu cambio de vida. Apoyada y confiada, te sentirás fortalecida como mujer y sobre todo, feliz ante la maravillosa misión de ser mamá.

Escrito por
Gabriela Oria

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