Adopción: otra forma de crear una familia

Hace unas décadas, hablar de adopción generaba muchos tabúes.

No hace mucho conocí a una mujer de unos 28 años, casada, con dos hijos. Al platicar sobre su vida, me comentó que había sido adoptada a los pocos meses de nacida; creció sabiendo su situación, y cuestionando, de vez en cuando, a su madre sobre su origen. Al llegar a la adolescencia, su inquietud creció, hasta que un día con el apoyo de sus padres viajó a los Estados Unidos a conocer a su madre biológica.

Solo fue necesario un día para terminar con sus inquietudes y cuestionamientos, ya que al regresar a su casa su afirmación fue la siguiente: “Conocí a mi madre biológica, pero quien ha sido y seguirá siendo mi madre, eres tú, mi madre adoptiva”.

Hace unas décadas, hablar de adopción generaba muchos tabúes, que gracias a la apertura en los medios de comunicación, la sociedad y el trabajo realizado en los centros especializados, se ha logrado avanzar en el conocimiento del tema, eliminando miedos infundados que llevaban incluso a ocultar a los hijos su condición de adoptados.

Por adopción se entiende el incluir en el seno de una familia a un menor o incapacitado que no sea consanguíneo, otorgándole los mismos derechos y obligaciones que tendría un hijo biológico. Por su parte, los padres adquieren también derechos y obligaciones con respecto a su hijo, así como la obligación de darle nombre y apellidos.

En nuestro país, existen dos tipos de adopción: simple y plena (aunque esta última se está generalizando en el país). En el caso de la adopción plena los derechos y obligaciones se extienden a toda la familia como sucede con los hijos consanguíneos, a diferencia de la adopción simple, que sólo genera vínculos entre los adoptantes y los adoptados. Hay que señalar que la primera es irrevocable.

¿Qué hacer para fortalecer la cultura de la adopción?

Esto empieza con los padres de familia, quienes deben de prepararse e informarse, a fin de ser asesorados en aspectos médicos, culturales, legales y sociales.

Y es que aún cuando se han tenido avances en esta materia, todavía hay rezagos en algunos sectores de menores que difícilmente son adoptados, como es el caso de niños mayores, ya que quienes quieren adoptar, se inclinan por recién nacidos, negándoles incluso la adopción a niños de entre tres y cinco años. Ni qué decir de los niños mayores de seis años, quienes al cumplir esta edad, son más propensos a vivir institucionalizados por la falta de conocimiento de los padres adoptivos que piensan que no podrán adaptarse a su estilo de vida o que no podrán sanar vivencias pasadas.

Otro grupo sería el de los discapacitados, quienes, desde nacidos, experimentan el rechazo de sus padres biológicos, así como de la sociedad. Un sector también vulnerable, son los grupos de hermanos, en tanto se prefiera separar que adoptar a más de un pequeño.

¿Qué debemos saber para no temerle a la adopción?

– Desde el punto de vista legal, se debe saber que hoy se cuenta con la seguridad necesaria para manejar abiertamente la adopción con la certeza de que no se les separará del menor (a menos de que se cometa un delito en su contra como cualquier hijo biológico).

– Desde el punto de vista personal, que las posibilidades de un sano desarrollo para el niño son las mismas que en las familias donde hay hijos biológicos.

– Que existen especialistas e instituciones dedicadas a la adopción, que pueden asesorar y guiar en casos de conflictos.

– Que el factor genético es importante pero no determinante.

– Que la verdad es siempre lo mejor, la incapacidad para decir y aceptar la adopción, generalmente proviene de los padres y no de los niños.

-Los niños que reciben desde el primer momento la noticia de la adopción como un acto de amor y generosidad, lo manejarán y entenderán así toda su vida.

Quienes han optado por la adopción aseguran que es la experiencia más maravillosa que les ha sucedido, porque se han dado cuenta que así se les brinda a los pequeños la posibilidad de tener una familia. Los esfuerzos son muchos pero habría que hacer más por aquellos grupos de niños que no tienen tanta suerte en la elección: demos la oportunidad de que ellos también vivan en otra forma de hacer familia.

Mtra. Lucía Legorreta, Consejera de TAD

y especialista en Mujer y Empresa, Familia y Conciliación Laboral

www.tad.org.mx

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