Abandono emocional

Los seres humanos necesitamos del cuidado de un adulto durante algunos años después del nacimiento.

La presencia de los padres o cuidadores es indispensable no sólo para permanecer con vida, sino también para poder desarrollar al máximo nuestros potenciales como, por ejemplo, aprender, entender el mundo y adquirir la capacidad de relacionarnos con los demás y formar vínculos.

Este es uno de los motivos por los que el abandono de los padres puede tener consecuencias negativas para los niños, cuando éstos no cuentan con alguien que los cuide y se haga cargo de sus necesidades. En este caso, estamos hablando de abandono físico en su versión más extrema. También puede ocurrir que uno de los padres se ausente, ya sea de forma temporal o permanente, a causa, por ejemplo, de una separación entre la pareja o por la necesidad de cambiar de residencia, entre otros motivos.

Sin embargo, el objetivo de este artículo no es señalar las consecuencias del abandono físico, sino analizar las características de lo que conocemos como abandono emocional y las repercusiones que éste tiene, ya que si bien la presencia física de los padres o cuidadores es indispensable, que estén emocionalmente accesibles y presentes es igual de importante.

Con el abandono emocional nos referimos al tipo de relación que se establece cuando los padres, a pesar de estar físicamente presentes con sus hijos, no logran “conectarse” con ellos, establecer un vínculo, conocerlos y, sobre todo, involucrarse emocionalmente con ellos.

Existen muchos motivos por lo que esto puede ocurrir; por ejemplo, una madre que sufre depresión posparto, o un padre a quien los problemas económicos lo tienen tan abrumado que pasa todo el tiempo pensando y preocupándose por ello, y no logra pasar “tiempo de calidad” con su familia. Otro fenómeno muy común es aquel en el que los niños viven “atiborrados” de actividades extracurriculares: del karate a la clase de pintura, de ahí el fútbol y luego a las clases de matemáticas para prepararse para el examen. Este es un estilo de vida cada vez más común y en muchas ocasiones se basa en la angustia que le genera a los padres pasar tiempo libre con sus hijos y una sensación de “no saber qué hacer” cuando están con ellos.

Los seres humanos necesitamos el cariño tanto como los cuidados fisiológicos. Existen varios estudios que lo confirman tanto en personas como en animales, en los que queda demostrado que no es suficiente una fuente de alimento y cuidados físicos básicos, sino que es indispensable para nosotros contar con unos cuidadores cálidos y cariñosos.

Para entender los efectos del abandono emocional, es útil conocer la importancia de tener unos padres afectivamente presentes e involucrados. Como mencioné, los cuidados que recibimos los primeros años de vida nos permiten desarrollar una serie de capacidades y potenciales muy importantes. Sin embargo, quizás una de las más importantes es que adquirimos un modelo de cómo relacionarnos con los demás. Nuestros padres, hermanos y demás personas cercanas son nuestros primeros objetos de amor, son las personas con las que “aprendemos” a querer y a ser queridos, a resolver problemas y a convivir en sociedad. Además, es a partir de estas primeras relaciones que cada uno de nosotros moldeamos la forma en la que nos sentimos con respecto a nosotros mismos. En otras palabras, la presencia tanto física como emocional de los padres determinan la forma en la que interpretamos tanto el mundo externo (cómo son los demás), como el mundo interno (cómo soy yo).

Por este motivo, es muy importante conocer, analizar y superar aquello que evita que estemos emocionalmente presentes con nuestros hijos. Algunos de los casos en los que esto ocurre son:

*Problemas externos- Por ejemplo, tensiones en el trabajo o discusiones de pareja. Situaciones que nos impiden tener la atención suficiente hacia los niños y nos mantienen angustiados y distantes.

*Problemas internos- Cuando existe una dificultad para relacionarse con los hijos (con alguno en particular o con todos). Esto puede suceder, por ejemplo, al tener “sentimientos encontrados” hacia la idea de ser padres, o por tener una relación complicada con uno de los hijos por distintos motivos.

Por su puesto, no siempre es fácil reconocer este tipo de situaciones, especialmente cuando se trata de problemas internos. Sin embargo, al hacerlo, obtenemos la capacidad de resolverlo. Una forma de lograrlo es a través de una terapia emocional, es decir, un espacio destinado a elaborar las dificultades que nos impiden relacionarnos de manera cercana y cariñosa con nuestros seres queridos.

Psic. Aliza Edelson Torenberg
Clínica de Asistencia de la Sociedad Psicoanalítica de México (SPM).
www.spm.org.mx

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