En forma después del parto

No tiene nada que ver con la vanidad

Comenzar con ejercicios después de nacido tu bebé será algo muy benéfico. Intenta adquirir el hábito de caminar o de tonificar los diversos músculos de tu cuerpo.

No tiene nada que ver con la vanidad, en realidad es por tu propia salud. Tal vez consideres que no tienes tiempo, pues hay mucho que hacer para satisfacer las necesidades del nuevo miembro de la familia.

No es necesario que te impongas rutinas extenuantes ni largas; varias sesiones breves al día (de diez minutos cada una) bastarán. Incluso podrías ejercitarte en la misma habitación donde se halla tu bebé, para que no lo descuides.

Deberás iniciar con una disciplina que te permita fortalecer los músculos, a los pocos días de haber dado a luz. Hazlo acostada o sentada en una silla, aplicando movimientos suaves y rítmicos.

Te reiteramos que deberás iniciar tus ejercicios de forma gradual en el programa que implementes, considerando la necesaria tonificación del suelo pélvico y de los músculos abdominales.

¿Has tenido una cesárea?

En este caso deberás esperar un tiempo mayor para iniciar un adecuado programa de ejercicios. Los especialistas consideran hasta seis semanas para empezar, previa consulta con el médico.

Y para el caso que hayas tenido algún desgarre o una episiotomía, evita los ejercicios de estiramiento, por lo menos hasta la completa cicatrización.

Sin duda durante las próximas semanas tendrás mucho que hacer, pero un buen programa de ejercicios te permitirá dedicarle el tiempo que necesita tu bebé y tu familia.

Considera que el ejercicio, además de ayudar a mejorar la autoestima y el carácter, es una manera más que tienes de mimarte; jamás será tiempo perdido.

A continuación algunos consejos que pueden ser de utilidad (repítelos unas diez veces):

 

  • Ejercicio 1: Separa los pies unos 30 centímetros, colócalos en forma paralela y enlaza tus brazos detrás del cuerpo. Ahora, lentamente reclínate hacia adelante, partiendo de tus caderas, formando un ángulo recto con tu cuerpo (90 grados). El siguiente movimiento es levantar los brazos enlazados hacia arriba y hacia adelante, sin doblarlos. Estíralos lo más que puedas mientras respiras profundamente. Al terminar, endereza tu cuerpo hasta incorporarte por completo.
  • Ejercicio 2: Separa nuevamente los pies, esta vez a un metro aproximado de distancia. De pie, coloca ambas manos en los costados. Comienza por inclinarte de forma lateral, deslizando una mano hacia abajo, al tiempo que levantas la otra formando un arco en dirección de tu inclinación -- por encima de tu cabeza y sin doblarla--. Trata de sentir el estiramiento del costado, al tiempo que mantienes la pelvis recta. El ejercicio se repite inclinándote del lado contrario.  
  • Ejercicio 3: Este ejercicio es llamado “arqueo de la gata”, debido a la postura que se adopta. Apoya ambas manos y rodillas en el suelo, con la espalda recta. Inhala aire, flexiona una de tus piernas, baja la cabeza en dirección de la pierna flexionada. Mantén esa posición unos segundos. Ahora estira esa pierna levantando al mismo tiempo la cabeza, empujando la barbilla hacia adelante. Siente el estiramiento de tu cuello y muslos. Repite la operación del lado contrario.   
  • Ejercicio 4: Acuéstate de espaldas al suelo, con ambas rodillas flexionadas, los pies planos en el suelo (las manos descansando en los costados). Ahora, respira profundamente, y al expirar levanta la cabeza y los brazos con las palmas hacia abajo. Aguanta por unos segundos en esa posición, siente la tensión en tus músculos, luego suéltate, relájate. Realiza nuevamente este ejercicio algunas veces más.